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miércoles, 30 de mayo de 2012

Fernando Pessoa, Mozart y tontuna

No soy nada,
nunca seré nada.
No puedo querer ser nada.
Esto aparte, tengo en mí
todos los sueños del mundo.
F.Pessoa

Escucho una y otra vez el Andante del Concierto para piano de Mozart con la ilusión ilusa de que quizás, algún día...
Dicho y oído lo cual, tengo una tontuna encima impresionante.

sábado, 31 de marzo de 2012

De qué hablo cuando hablo de Música (3)


En esta tercera entrada quiero hablar también del momento en que te deja indiferente, pues, como ocurre con todas las Artes, no siempre se tiene el ánimo adecuado o la obra en sí no te conmueve.
El martes pasado fuí al Auditorio: Concierto para violín de Beethoven (su único concierto para este instrumento y compuesto a petición especial de su amigo Franz Clement para un acto benéfico de Navidad). La Orquesta de  la Comunidad de Madrid, dirigida por el austríaco Leopold Hager. Como solista, el vienés Benjamin Schmid, un músico a mi modo de ver preodigioso por cómo llevó a cabo la inusitada dificultad de sus solos (Beethoven era experto en complicar las partituras, ya se sabe de qué manera se rebelaban los músicos durante los ensayos).

Sea porque mi posición un poco alejada en un lateral me impedía verlo bien o porque no es de mis piezas preferidas, no me dejó el alma alborotada. Eso si, he de reconocer que el Larghetto y el Rondo Allegro, que quedaron unidos sin pausa, fueron interpertados sin mácula, tanto por el solista como por la orquesta.
Después del intermedio, la 4ª Sinfonía de Brahms. Brahms me gusta siempre. Siempre me viene bien al oído. De la 4ª especialmente el II movimiento, un pizzicato amplio de todas las cuerdas mientras suenan los vientos del Andante moderato. Una delicia.
Si, sin ninguna duda estuvo muy bien la orquesta, el solista y el maestro, pero no sé qué me faltaba a mi.
De eso hablo también cuando hablo de Música.

miércoles, 28 de marzo de 2012

Unas notas musicales

Por fin mi hermana me ha sacado las notas musicales de una cancioncilla que de pequeña me hacía llorar; sonaba en una tabaquera de madera negra, de principios de siglo, que mi madre había heredado de los abuelos. Un pirindolo en la parte alta hacía girar seis puertecillas, que se abrían mostrando innumerables agarraderas doradas para puros y cigarrillos. Preciosa la caja y dulcísima la melodía:
Mi fa sol. Do mi re do. Do re do. Si si si. Si do re. La do si. Sol si la. Sol do re la sol .
La he grabado para que suene en mi móvil y si lloro, pues lloro.

                   ...........................

Las cigüeñas de la grúa avanzan piano-piano en la construcción de su casa. A simple vista parece que van por el sótano y el domingo las pillé enfrascadas en una buena trifulca con otra, que las rondaba sobrevolando su conato de nido en grandes círculos, quizás queriendo aprovecharse de su trabajo. Tactacatacatá...¡aquéllo sonaba a palabrotas de peón caminero!

jueves, 15 de marzo de 2012

De qué hablo cuando hablo de Música (2)

Unos días atrás, con el mismo título, hablé de Sir John Gardiner en Madrid; en esta segunda entrega hablo de compartir con quien disfruta de ella, de la Música, sea ilustrado en la materia o no. Evito usar la palabra "entendido" porque en este caso me resultaría ofensivo no aplicarlo a alguien sólo por no haber estudiado vida y milagros de los clásicos, o no entienda de octavas, impromptus o síncopas.

Hace poco llevé a mi sobrino a un concierto de Beethoven y Schumann (ojalá hubieran estado ambos en carne y hueso, ya puestos). Mi sobrino toca el piano como si hubiera sido abducido por el mismísimo Mozart, así que no perdió detalle del Concierto para piano nº 2 de Beethoven. De reojo le ví el gesto de pisar el pedal al tiempo que lo hacía el solista, Iván Martín. Y si hubiera sido menos comedido, seguro que habría tecleado sobre sus piernas el Allegro con brio. Pero el chico es recatado de por sí y no hace aspaviento alguno.
Fabulosos los tres movimientos.
Después, la Sinfonía Renana nº 3, de Schumann.
Si me extendiera hablaría de sus cinco movimientos, uno a uno, pero no es plan, así que tengo que destacar el I. Lebhaft, es decir, brioso, en forma de sonata.Todo el ajetreo rural de las orillas del Rhin parecía dispararse de la orquesta; dice Clara Schumann en su diario que un paseo campestre al son del agua cristalina inspiró a su marido el II movimiento. El III suena a la espera de la cosecha -nicht schnell-, ni un ruído. Hay acordes de valses meciendo la hierba, el oído, los pies de quien los escucha.
IV y V  son pura manifestación de la fé en un canto triunfal. Hay quien califica al V como "la bóveda" de la construcción. Por algo será.
´
A mi sólo me queda respirar profunda y lentamente-aunque a veces me estalle el corazón-. Puede que, a solas, me atraque de Mozart, Shumann, Bruckner, Brahms...Puede que los oiga en el coche, en el salón de mi casa, en la Sala Sinfónica...Sea como sea me encanta compartir también mis pensamientos y mis placeres cuando hablo de Música con quien quiera oir hablar de ella.

jueves, 23 de febrero de 2012

De qué hablo cuando hablo de Música


Parafraseando un título de Murakami (con la consabida modificación) me siento a escribir una entrada sobre Música.
Siempre que quiero contar mi asistencia al Auditorio no sé por dónde empezar, ni cómo hacerlo, porque, entre otras cosas, mi educación musical es nula. Es una verdadera lástima que en este país  se haya relegado su estudio tan injustamente. Durante mi infancia uno tocaba un instrumento casi por casualidad y siempre con mucho esfuerzo, sacando tiempo de donde no lo había. Es como los idiomas, pero esa es otra historia para otra entrada.
A lo que voy. La semana pasada asistí al concierto dirigido por sir J.E. Gardiner (que se prodiga tan-tan poco por estas tierras). Me faltan palabras para explicar la soberbia maestría de su batuta para la 4º Sinfonía de R. Schumann, Manfred y el Réquiem . En el escenario, la Orquesta de Cámara Mahler y el Coro Monteverdi. Para Manfred salió a escena el actor alemán  Gert Voss, encargado de narrar el libreto entre acordes oportunamente dispuestos.
El Maestro Gardiner tuvo que demostrar su buen hacer como no podía ser de otra manera: poniendo en pié a violines y violas en la 4ª Sinfonía. ¿En qué postura habríase tocado con pasión el III y IV movimiento? Tanto arrebato no encaja con las cuerdas sentaditas en perfecta posición. Brazos y cabezas en oleadas sincronizadas se mecían sobre las piernas estiradas y bailarinas de x virtuosos. ¡Cuánto los admiro!

Hablo de admiracón y vehemencia, de total elevación del espíritu hacia lo que no alcanzan las manos, de sentirse renovado y otro muy distinto, quizás uno mismo mejorado a la enésima potencia.
Hablo de creerse casi un dios porque no parece humana tanta perfección.
Creo que si cada uno de nosotros dedicara un tiempo diario a la Música, si apagáramos el televisor y cerráramos la boca, el mundo iría mucho mejor. Porque no hay espacio para la maldad si te inundan las corcheas.
De todo eso hablo cuando hablo de Música.


jueves, 5 de mayo de 2011

Los árabes, los números, la música



Tengo pendiente hacerme con un ensayo recién publicado, Los Arabes, del profesor Eugen Rogan, experto en Historia Árabe en la Universidad de Oxford.
Puede que en sus ochocientas páginas encuentre la raíz de su Historia, su cultura, su saber y su sentir, ahora que una oleada de rebelión sacude sus vastos territorios, fluctuantes y conflictivos desde sus orígenes. A propósito de orígenes, algún día hablaré del libro que tengo actualmente entre manos, una biografía de Gertrude Bell, figura fundamental en Oriente Medio a principios del s.XX, aunque las pompas y el reconocimiento posterior se los llevara Lawrence de Arabia.

Pues bien, con el asesinato de Bin Laden bien caliente en el horno de la actualidad, he estado pensando en esas casualidades -o no- de la Historia, de los significados de los hechos en sí y su simbología. Así me encuentro con que el número 1 tiene una estrecha relación con acontecimientos convulsos relacionados con el mundo árabe (y si se quiere puntualizar, "islámico"). Los atentados en EE.UU. y Madrid ocurrieron un día 11, la muerte de Bin Laden, un día 1 y las revueltas que están poniendo patas arriba tantos Estados, están ocurriendo en el año 2011. Si me remonto a nuestra Reconquista , se inició en el año 11 del s. VIII.

En medio de esta confusión social, antesdeayer el Maestro Daniel Baremboin llevó a Gaza la Concordia sobre las alas de la música de Mozart. El coordinador especial de la ONU para el Proceso de Paz en Medio Oriente, Robert Serry, presentó el concierto y lo describió como “un gesto de arte, humanidad, amistad y armonía".

Conviene creer en el poder curativo de las Artes, igual que creemos en la exactitud y significado de los números. Muchos de mis momentos de mayor felicidad los encuentro entre el patio de butacas de un Auditorio, tal como refleja mi anterior entrada. Ojalá- Oh Alá- sienta así la humanidad toda. Cuántos disgustos nos ahorraríamos.

martes, 26 de abril de 2011

Prokofiev, Brahms, Ligeti y... Pehlivanian con la JONE



El director libanés George Pehlivanian visitó de nuevo ayer el Auditorio de Madrid, capitaneando a la JONE en un programa brillante: 1ª Sinfonía (Clásica) de Prokofiev, Cocert Romanesc, de G.Ligeti y, en la segunda parte, la 1ª Sinfonía de Brahms.

Es la segunda vez que asisto a un concierto de Pehlivanian y he de reconocer que mi admiración va en aumento; se mete en el bolsillo a esas decenas de jóvenes músicos tal como pudimos comprobar en cada gesto intercambiado, cada mirada atenta a la batuta, cada brío de arcos, oboes, flautas, percusión. La Jóven Orquesta Nacional de España es un prodigio del buen hacer, del entusiasmo y del trabajo infatigable. El programa ya extenso en sí quedó rematado por tres extras, principalmente con un par de regalitos de las Danzas Húngaras de Brahms. Y al final, el público, reconocido y agradecido no dejaba las palmas y los vítores ni por un segundo, hasta el punto de que los tiernos músicos patearon el suelo contagiados por la explosión de júbilo.

No sabría qué destacar, si el Finale molto vivace de Prokofiev, el Andantino de Ligeti o el Adagio Allegro de Brahms. El ritmo personalísimo y la cadencia en la mano del libanés dejó su impronta, creo que permanente, en el arte de cada miembro de la orquesta. Cuando, ya pasadas las 21,30 h, nos acercamos a saludarle, nos comentó que llevaba reunido con la orquesta dos semanas, no sólo ensayando, sino también charlando un promedio de ocho horas al día.


Esta vez no les acompañé a cenar ni a las copas posteriores, como en el pasado mes de noviembre, pero estoy segura de que remataron la noche estupendamente. Miguel, un chico violinista que siempre acude al encuentro con el director, nos ha apodado a todos "la Banda de Pehli".



martes, 8 de marzo de 2011

Habemus musicam et feriam


Berlioz, Brahms, Gershwin y Ravel.
Éste ha sido el programa de hoy en el Auditorio a cargo de la Filarmónica de Montecarlo y el director estonio Neeme Järvi.
Para el Doble Concierto de Violín y Violonchelo, de Brahms, los solistas Julia Fischer y Daniel Müller-Scott, dos jóvenes y brillantes músicos de Münich.
Como no soy experta en crítica musical sólo puedo decir que el programa, como todo concierto variado en compositores, me ha resultado un tanto desigual, que no desdeñable. Brahms nunca me decepciona ni con las peores orquestas; Ravel lo aguanto poco, aunque si su Dafnis y Cloe de hoy. Berlioz es fantástico, como su Sinfonía.
Lo que destaco del concierto de esta tarde ha sido el aspecto no musical y, aunque vaya a sonar poco ortodoxo lo digo: la Filarmónica de Montecarlo es una orquesta cachonda. El par de horas que ha durado el concierto han estado envueltas en un ambiente cachondo desde el principio y no sé si el público madrileño ha contagiado a los músicos, o ellos a nosotros. Para empezar, cuando ya la sala estaba en silencio y los solistas concentrados en la mano del director, una señora ha comenzado a hablar sin recato, como si estuviera de palique por el móvil. Algunos hacían sshhhh, shhhh y ella a lo suyo, hasta que la srta.Fischer y el sr Müller han dirigido sus arcos hacia ella reprendiéndola con mirada severa y risueña. Todos hemos estallado en carcajadas y hemos aplaudido. Durante un minuto largo todos reíamos, músicos y espectadores, y el director ha decidido iniciar las primeras notas a pesar del ambiente festivo, para acallar lo que tomaba visos de ser una juerga en el campo.
A partir de ahí, todo ha sido anormal: alguien que aplaudía fuera de tiempo, un objeto pesado que caía al suelo y espantaba al concertino, el segundo violín que echaba ojitos a una rubia de la primera fila (yo estaba en la segunda y lo veía bien). Entre medias, miradas cómplices y risas entre la orquesta, el director ya entrado en años que les hacía algún guiño.
Todo, todo ha resultado fuera de lo común.
Yo creo que el gran aplauso final no sólo íba dirigido al buen hacer, sino a esa especie de feria subliminal en la que todos hemos participado.

martes, 21 de diciembre de 2010

Raphael


Se equivoca quien piense que no está para muchos trotes o que es un descarado atreviéndose con todo.
Se equivoca quien tilda de afeminado su ir y venir ligero por el escenario.
Se equivoca quien lo cree pasto de sesentonas ávidas de aquella juventud perdida.

Sus recientes conciertos en el Teatro Compac de Madrid, a razón de dos horas y media/dieciocho días seguidos sin descanso son quizás la punta del iceberg de una naturaleza a prueba de bomba. Y, mas que eso, por encima de todo, son la consigna de lo que un ARTISTA debe ser. Porque en las cosas del Arte, no deberiámos conformarnos con medianías ni bagatelas.

El domingo abandoné mi encierro domiciliario y cambié estos virus míos por las canciones de Raphael.
Comenzó con una aviso a capella de que "puedo decirlo mas alto pero no mas claro" hasta que la orquesta se le unió en un crescendo maravilloso. Continuó con varios éxitos pasados, lo que él -y todos- consideramos "las joyas de la corona" como "Mi gran noche". Tangos-boleros-rancheras-de su nuevo disco intercalados con unas cuantas perlitas mas, que con frecuencia y con mucha gracia nos recordaba: "yo vuelvo a lo mío" y se arrancaba, con ese chorro de voz, cantando "En carne viva".

Y vuelta al derroche de orquesta y potencia: Hablemos del Amor y Digan lo que Digan y, como estamos en Navidad, el remate de un villancico a pleno pulmón.

El público estallaba jubiloso entre canción y canción, nadie quedaba templado y, si bien las maduritas le gritaban GUAPOOOOO con mucho de añoranza del pasado, había allí no pocos jóvenes varones tan pletóricos y exaltados como las jovencitas que marcaban con palmas las indicaciones del artista. Porque hay que ver el encanto con que él nos agradecía cada aplauso, cada estribillo robado a su voz. Raphael te lanza una sonrisa y ya es dueño del escenario y lo recorre a pasitos, callado, dejando sonar el violín y la trompeta. O suelta unas estrofas a ritmo de rap como si hubiera nacido para ello.

Luego abre los brazos y sabes que tu lo eres todo para él igual que tu estás entregado en cuerpo y alma a su quehacer. Raphael hace lo que quiere sobre las tablas porque las pisa firme y seguro y al final resulta que todo está bien hecho.
Yo era muy pequeña cuando mi madre ponía la radio y en la casa entera la voz de Raphael reinaba por derecho.
Por derecho y por revés, el de Linares es un Artista.
A mi me encanta - se me nota ¿no?-.



sábado, 11 de diciembre de 2010

De música y palabras


Ayer, por tercera vez en este año, volé en busca de la Novena de Beethoven en el Auditorio Nacional de Madrid.

De las tres representaciones he sacado distinta percepción lo que me resulta sorprendente en una persona poco instruída musicalmente como soy yo. La Orquesta de la Universidad Autónoma de Madrid sonó ayer inconexa en ciertos puntos del primer y segundo movimiento; para el adagio molto e cantabile ya había decidido no ser tiquismiquis y pasar por alto sus despistes de entrada. Y en el finale presto, todo mi oído y atención se centró en los cinco coros reunidos para el Himno de la Alegría. Es tan conmovedora la Novena que siempre arranca ovación y aplausos, lleve quien lleve la batuta.

Me quedo sin dudarlo con la Novena bajo la dirección absoluta de Ramón Torrelledó, de la que ya hablé en mi entrada del 5 de junio pasado.

Como no sólo de música vive el hombre (aunque Nietzsche pensara casi lo contrario), leo en estos días "La impaciencia del corazón" de Stefan Zweig y mezclo mis momentos de melancolía con su introducción:

"Hay dos clases de piedad. Una, débil y sentimental, que en realidad sólo es impaciencia del corazón para liberarse lo antes posible de la penosa emoción ante una desgracia ajena, es una compasión que no es exactamente compasión, sino una defensa instintiva del alma frente al dolor ajeno. Y la otra, la única que cuenta, es la compasión desprovista de lo sentimental, pero creativa, que sabe lo que quiere y está dispuesta a aguantar con paciencia y resignación hasta sus últimas fuerzas e incluso mas allá".

Y, de Schiller, un párrafo de su Oda a la Alegría, gloriosamente musicada por Beethoven:

"¡ Volad alegres como los astros
a través del inmenso espacio celestial !
¡ Seguid, hermanos, vuestra órbita,
alegres como un héroe en pos de la victoria!"

viernes, 19 de noviembre de 2010

De copas con un Maestro


Ayer los dioses fueron generosos conmigo y me regalaron una de las mejores tardes que podía imaginar.
En el Auditorio de Madrid, un concierto francés cien por cien, con obras de G. Fauré, Saint-Saëns y Bizet.
Para mí una revelación el Pelleas y Melisande de Fauré, a la que sitúo desde ahora entre mis bien amadas composiciones.
De Saint-Saëns, el Concierto para violoncello y orquesta, con arreglos para viola, exquisito, de la mano del ucraniano Maxim Rysanov. Este hombre toca la viola con una pasión serena, si es que ello es posible, que deja enfebrecida al alma mas cauta.
La segunda parte estuvo toda dedicada a Bizet, del que destaco sus suites de L´Arlesienne.
Carmen, de siempre, me ha gustado un poco menos.
Al acabar el concierto pasamos a saludar al director (en la fotografía) pues una de mis amigas lo conocía personalmente, además de un par de violinistas.
Después, hicimos volar la noche con ellos por el centro de Madrid, tomando vino blanco y ostras en el Mercado de San Miguel. Hoy volvían a París, mon amour...
Viva la música y viva la vida.

viernes, 22 de octubre de 2010

Finale spirituoso o Terpsícore descarriada


Ayer fuí de nuevo a la sala sinfónica del Auditorio de Madrid y de camino íba yo mas contenta que unas pascuas, o que unas castañuelas, por utilizar un símil musical ad hoc.

De primer plato, la Sinfonía 104 "Londres" de Haydn y, de segundo, una poderosa Novena Sinfonía de Beethoven, a cargo de la Orquesta Clásica Santa Cecilia. El director, Kynan Johns (todo un descubrimiento para mí).
Es la segunda vez en cuatro meses que busco la Novena de Beethoven, atraída por ella como un imán.
En esta segunda, para el coro - inmenso en número -, hubo una audición especial de sopranos, mezzos, bajos, tenores, de la que salieron seleccionados unos cien integrantes, y no exagero una pizca. Codo con codo cantaban casi apretados en sus asientos aunque no parecían incómodos con su situación. Quizás el orgullo de la prueba superada entre cientos de aspirantes les hacía sonreir y brincar en cada nota. Kynan Johns les dirigía cantando él también en alemán Freude trinken alle Wesen an den Brüsten der Natur...
La Oda a la Alegría parecía un estallido de fuegos artificiales sin mesura.

Pero no sé, ayer no me emocioné como recuerdo haberlo hecho en el concierto de junio, cuando la Novena era interpretada por la Orquesta Europeae y el Coro de la Maestranza de Sevilla. Ni tampoco la orquesta arrancó en mí la chispa mientras interpretaban a Haydn en la primera parte. A mi entender no falló el director, ni mi ánimo predispuesto a la gloria del concierto.
Quizás a la orquesta les faltó anoche pasión y confianza o la musa Terpsícore andaba despendolada de copas por las muchas tabernas de los alrededores.

sábado, 5 de junio de 2010

La Novena y el síndrome de Stendhal


La noche del martes fue el primer concierto de la serie de sinfonías de Beethoven. Primero de cinco, que resultó ser primero y único, pues La Fundación la Nota Azul Europeae nos pasó, junto con el programa, un comunicado de disculpa y anulación de los cuatro restantes.
Como una tiende a elegir el lado alegre de los acontecimientos, resultó que este aborto de ciclo quedaba inaugurado con la Novena Sinfonía. No podía pedir ni desear nada mejor.

Cuando aún era mas ignorante en Música, tenía una irracional aversión a esta Coral. Creo que influyó en mí tanta y no siempre acertada versión del Himno a la Alegría que oía brotar a borbotones en mis años infantiles .

La noche del 1 de junio todo fué muy distinto.
En la Sala Sinfónica, la batuta de Ramón Torrelledó llevó al Cielo a la Orquesta Europeae de Conciertos, al Coro de la Maestranza de Sevilla (colosal), a la soprano, mezzo, barítono y tenor (de cuyos nombres lamento no acordarme).
A ellos los elevó al Cielo, como digo, y a mí me dejó literalmente descompuesta, con esa enfermedad que Stendhal regaló a la Humanidad en su visita a Florencia. En estos delirios de belleza extrema, quería agradecer a Schiller el texto de su Oda a la Alegría; imaginaba a Beethoven el día del estreno, en mayo de 1824, sordo como una pared, dirigiendo sin poder escuchar ni una sola nota de su propia creación. Dicen que en ningún momento se giró de cara al público, con los ojos ahogados en llanto y la sala explotando en ovaciones. También creí asistir a los ensayos de aquella primera orquesta, cuando los músicos protestaban una y otra vez por la dificultad de sus partituras y el genio se enfurecía y les azuzaba con pésimo talante.

Después de su estreno, Beethoven no volvió a mostrarse en público, quizás aquejado del síndrome stendhaliano autoimpuesto. ¿Cómo no comprenderlo, si una hubiera deseado que se la tragara la tierra, y que ningún otro sonido perturbara ese estado del alma, puesto que el alma parecía no pertenecer a este mundo?

miércoles, 26 de mayo de 2010

Beethoven, la próxima semana


La próxima semana tengo varias visitas al Auditorio, gracias a un abono que compré "por error" hace un par de meses. Monográfico sobre Beethoven, para mas señas, y, con tal motivo, he hojeado el capítulo que Mauricio Wiesenthal le dedicó hace unos seis años.

Cuenta que Haydn conversa con él después de haberlo tratado (y sufrido) un cierto tiempo :

"Tiene usted mucho talento- comenta al escuchar sus primeras obras- y progresará más en el futuro. Posee abundante inspiración y no sacrificará jamás un bello pensamiento a una regla tiránica, lo cual me parece razonable; pero sacrificará las reglas a sus fantasías, pues me parece que usted es un hombre que tiene varias cabezas, varios corazones, varias almas. Creo que se descubrirá siempre en sus obras algo inesperado, insólito, sombrío, porque usted mismo es un poco sombrío y extraño, y el estilo del músico revela siempre al hombre."

Haydn demostró buen ojo analítico con este hombre que un día llamó a sus puertas en Viena, después de haber apreciado sus primeras cantatas en Bonn. La genialidad del músico alemán llevaba consigo un absoluto desprecio por cuantos le habían tendido puentes en su aprendizaje y sus comienzos. Nada creía deberles, sobre todo a esa sociedad vienesa que lo mantuvo en el podio de sus preferencias, pero a la que consideraba seca y vacía, sin gusto artístico (tampoco su gira por Praga, Berlín, Leipzig... le deja satisfecho). La sensiblería del auditorio le deja frío y no admitirá jamás las lágrimas conmovidas de sus espectadores como un triunfo. Al contrario, les recrimina el no tener un mínimo de gusto artístico.
De sus colegas de oficio, respeta sin límites a Haendel; al final de sus días, reconoce una chispa divina en Franz Shubert. Y poco mas.

Con un carácter semejante, pocos amigos podrá atesorar a lo largo de su vida; sus amores estuvieron siempre marcados por un sesgo de irrealidad, donde él ponía un entusiamo casi platónico mientras las féminas no correspondían con el mismo ardor; una de ellas, la bella Giulietta, le saca dinero para dejárselo a otro amor mas carnal, con el que acaba casándose.
Se enamora de sus alumnas aristocráticas, a la par que de sus madres, sin distinción de anhelos y parece ser que le bastaba una buena conversación sobre música, para caer perdidamente enamorado.

Un genio controvertido, huraño, enamoradizo, distante, tímido, acomplejado por su sordera, ingrato, vanidoso, casi mártir de su dolor o "discípulo del dolor", según creía de sí mismo.
La semana próxima me enfrentaré a sus obras con ese desasosiego que me impone su propia personalidad.
No sé cómo saldré del empeño.

martes, 13 de abril de 2010

La Canción de la Tierra (frustrada)


Esta tarde tenía que haberla pasado en el Auditorio, con los cinco sentidos dispuestos para La Canción de la Tierra, escuchando su música y los poemas chinos que el propio Mahler adaptó para su obra. Seis canciones interpretadas por una mezzo soprano y un tenor.
Yo creía tener dos entradas para el primer anfiteatro y acudía alegre y vivaracha, con R a mi lado. Y resulta que el abono que compré hace pocas noches, vía internet, incluye un ciclo de cinco conciertos de La Nota Azul Europeae. El de hoy, precisamente el de hoy, excluído...y a desandar el camino andado.
Nunca antes había oído La Canción de la Tierra; la buscaré por la red y, si me entusiasma, me haré con una buena versión. Acepto sugerencias.
Para paliar el infortunio, un fragmento del 5º movimiento titulado"El borracho en primavera".
"Un pájaro canta en el árbol.
Le preguntoo si ya es primavera...
Para mí es como un sueño.
El pájaro responde, parloteando: ¡ Si ! ¡La primavera
ya ha llegado, ha venido por la noche!
Con el asombro mas profundo escuché atentamente,
¡el pájaro canta y ríe!
¡Me lleno nuevamente la copa
y la vacío hasta el final
y canto, hasta que la luna brilla
en el oscuro firmamento!"

martes, 23 de marzo de 2010

Con Haydn llegó la primavera


Dos días después del inicio de la primavera, acudo al Auditorio a beberme Las Estaciones, de Haydn. Madrid huele a brotes nuevos, a almendros en eclosión, a brisa cálida y, a las siete y media de la tarde, suenan los primeros acordes del recitativo de La Primavera.
Hanne, con voz de soprano, exclama:
¡Mirad! ¡ Por los vientos templados llega, desde el Sur, el mensajero de la Primavera!
Un segundo después el coro de la Comunidad de Madrid canta glorioso, en alemán:
¡Ven, dulce primavera!
¡Don del Cielo, ven!
¡ Despierta a la Naturaleza de su letargo!
La dulce primavera se aproxima,
ya sentimos su suave hálito.
Todo cobra nueva vida.
¡ Sénos propicio ahora, oh, Cielo!
¡ Abrete y vierte sobre nuestro campo tu bendición!
Que así sea.

jueves, 25 de febrero de 2010

Sir Simon Rattle en Madrid


Una vez que cojo carrerilla estoy imparable.
Conseguí buenas entradas para asistir al concierto de la Filarmónica de Berlín, con Sir Simon Rattle a la batuta y un programa de Wagner, Schönberg y la 2ª Sinfonía de Brahms.

Wagner nos llegó con la obertura de Los Maestros Cantores de Nuremberg. Al terminar, una ovación de poner el vello de punta.

Schönberg, para mi gusto, absolutamente prescindible. Mis oídos no están hechos para estas melodías a-melódicas y me pregunto si nos colarán estas piezas entre medias para que apreciemos mejor aún los tesoros que las preceden y que las suceden. O quizás los mismos músicos necesiten desperezar el síndrome de Sthendal con unas cuantas notas discordantes. Ya me creo todo.
Brahms, como siempre, arrebatador. La Filarmónica y Rattle no osaban dejar el escenario con el público levantado y desgañitado en aplausos y bravos.
Una pena que no nos bendijeran con un bis.
En la calle, los cielos descargaban mares de lluvia sobre los mortales, pero dentro del Auditorio corrían otros muy distintos arroyos en clave de sol.


miércoles, 10 de febrero de 2010

(Mas quisiera yo) una cita con Mahler


Qué extraña me parece la 3ª Sinfonía de Mahler. Después de varios meses sin pisar el Auditorio, he retomado mis citas con la Música esta tarde, tras un laberíntico recorrido hacia el acceso, casi imposible, de un par de entradas.

A las 19, 30 h comenzaba la Royal Concertgebouw Orchestra, la contralto Bernarda Fink, el Orfeón Donostiarra-sólo sus 53 vestales vestidas de blanco- y la Escolanía del Sagrado Corazón de Jesús, dirigidos por Mariss Jansons.

Digo que me resulta una obra extraña porque su larguísimo primer movimiento me desconcierta y no acaba de interesarme, pero, como un arroyo, me arrastra por el cauce que Mahler debió concebir durante su composición y acaba por conmoverme. Como casi todas sus obras, la compuso durante sus vacaciones estivales cerca de Salzsburgo. Mahler decía de ella que "apenas es música, sino los sonidos de la naturaleza. Es algo misterioso, la forma en que la vida va abriéndose camino gradualmente saliendo de lo no animado, tomando formas cada vez mas desarrolladas: flores, bestias, hombres, hasta la esfera de los espíritus, de los ángeles".

Como Mahler adoraba la Filosofía, escogió como textos para su 4º y 5º movimiento, párrafos de Nietzsche, con quien compartía una peculiar personalidad, como su alter ego musical, lleno de contradicciones internas.
No puedo dejar de recordar, al filo de su carácter, la única y curiosa sesión de psicoanálisis que Freud le concedió en la ciudad holandesa de Leiden, paseando al aire libre durante toda una tarde. Mahler vivía atormentado por sí mismo y por los devaneos amorosos de su mujer, Alma. Freud dijo que hablar con él fué "como sacar una sola viga de un edificio misterioso".

Para remate, Leiden, en alemán, significa "sufrimiento". Miel sobre hojuelas para los asuntos del subconsciente de Freud...pero eso es otra historia.

En resumen: que he vuelto al Auditorio, y que el día 23 tengo allí otra cita.

domingo, 2 de agosto de 2009

Tchaikovsky en un pueblecito


Los hados han querido regalarme una delicia musical, cuando yo daba por finalizada mi etapa de conciertos clásicos.
Una ya empieza a dudar muy mucho de tantas casualidades de la vida, porque si entramos en honduras resulta que no es posible la cadena de hechos finamente engarzados que nos llevan a determinado lugar o situación.
Pero no voy a entrar en Tegucigalpa (la capital de Honduras).
Voy a entrar en un pueblecito segoviano que ha tenido a bien organizar tres días de conciertos al aire libre, en su plaza Mayor, con la magnífica vista al fondo de su castillo iluminado poniendo color al pentagrama.
Hace pocos días tuve la ocurrencia de llevarme a dos hermanas a visitar una tienda de antigüedades, a 18 kms de nuestra casa. Al llegar al pueblo, nos encontramos un trajín de operarios afanados en montar escenario y sillas, bajo el sol azotador de Castilla. Resultaba que esa misma noche se daba el primer concierto de una serie de tres, bajo la batuta del jóven director español Ramón Torrelledó. La Orquesta Sinfónica Estatal Rusa y la soprano Irina Starodubtseva harían las delicias de una población nada acostumbrada a estos eventos maravillosos.
El programa: Sinfonía nº 5 de Tchaikovsky, la Marcha Eslava, el vals de la Bella durmiente, la "Escena de la Carta" de Eugene Oneguin y la Obertura 1812.
Nos hicimos con cuatro entradas y nos plantamos nuevamente bajo el castillo, a las 22 h, ataviados para el evento. Una noche perfecta; aunque el sonido al aire libre pierde calidad y color, otro color suple amable lo que los oídos pierden. Un castillo medieval coronando la escena, ardiendo en ocres bajo el efecto de los focos y las estrellas. Y a la hora bruja, las 12 en el campanario, un par de copitas de Rioja , mientras alabamos la voz de la soprano y el crotoreo de las últimas cigüeñas trasnochadoras.

sábado, 20 de junio de 2009

Beau soir


Mientras escucho Beau soir, de Claude Debussy, entro en un pequeño universo de felicidad de apenas tres minutos de duración.
Casi temo decir "soy totalmente feliz". Frase de extrema osadía para el ser humano, siempre temeroso de hurgar las entrañas de los dioses y recibir el castigo por tanta soberbia. Se baja la voz para que brote comedido el sentimiento y se sustituye por otra frase menos pretenciosa: "qué feliz me siento ahora".

Y ¿qué ocurre cuando, por el contrario, queremos gritar a los cuatro vientos: "soy totalmente desgraciado"? ¿No deberíamos esperar que la conmiseración de los Cielos nos cubriera con sus bendiciones balsámicas?
Pues no, resulta que tememos despertar nuevas furias y que nos caiga, como un chaparrón, una plaga aún peor que la que soportamos.

Total, que comos somos así de puñeteros, y el hombre se ha propuesto fastidiar al hombre con estas diatribas (ya que Dios nunca nos ha amenazado con tantas historias), el que ha nacido con un poco de prudencia se pasa la vida refrenando impulsos, no vaya a ser que...
Vuelvo a escuchar Beau soir, que para eso la creó Debussy.