domingo, 17 de octubre de 2010

El porqué de las cosas


Cuando era pequeña todos teníamos un álbum de cromos titulado "El porqué de las cosas 1" y seguidamente "El porqué de las cosas 2". Si hubo un tercero, no lo recuerdo.

Hay que ver con qué ganas abríamos en el recreo nuestras hojas de números tachados, ésto lo tengo, éste no lo tengo, te cambio el 89 por el 14, Pilar regala cuatro del 15 porque los tiene repes. Pasábamos las páginas y olor a pegamento y restos de la merienda nos dejaba su mácula para siempre.

Ese álbum nos sacaba de cien dudas y nos adelantaba otras cien que ni habíamos siquiera imaginado que existieran; pero lo que no llevaba entre sus hojas multicolor era la complejidad de la vida misma, o mejor decir, del ser humano. Hoy en día yo le preguntaría:

1. ¿Por qué los mayores se vuelven niños?
2. ¿Por qué los niños quieren ser mayores?
3. ¿Por qué cuanto mas maduro eres mas te manejan desde fuera?
4. ¿Por qué decimos SÍ cuando queremos gritar NO?
5. ¿Por qué medio mundo pasa hambre y el otro medio toma pastillas para adelgazar?

¿Por qué no hacen "El porqué de las cosas 3" para adultos?


miércoles, 6 de octubre de 2010

Un trapo


Si hay algo mas abrumador que una noche en vela es una noche en vela enferma.
A la una del mediodía aún arrastro las consecuencias y mi cuerpo como un trapo, del baño a la cama y viceversa.
No quiero ni contar los fúnebres pensamientos que han machacado mi mente durante seis horas crueles, cuando la noche era mas oscura que la boca de un lobo. He llegado a dudar con horror de lo que firmé ayer, he odiado a mi hermana con el espanto de la sangre hirviendo, he recordado tristes episodios de mi vida como si ninguna felicidad me hubiera bendecido jamás. Con cada vomitona parecían asomar nuevos demonios solazándose en mis desdichas.
Qué cruel es el propio pensamiento cuando se enseñorea y ensaña en los confines de un cuerpo incapacitado para la lucha. Pero que se prepare cuando coja fuerzas: el que avisa no es traidor.

lunes, 27 de septiembre de 2010

La vida anterior al amor


Y ya que en la anterior entrada hablaba de mi entusiasmo por la trilogía de Naguib Mahfuz ¿qué mejor que dejar una muestra de su buen escribir?
" ¿Qué sentimientos, esperanzas, miedos o ruegos sentía entonces? La vida anterior al amor no la recordaba mas que de una forma abstracta; la ignoraba en tanto en cuanto conocía el valor del amor y la añoraba siempre que el dolor se hacía irresistible. Sin embargo, ella casi se había convertido en una leyenda, de tanto como su mente la sentía. Por eso, llegó a fechar su vida de acuerdo con el amor y decía: "eso fue antes del amor (A.A) y eso ocurrió después del amor (D.A.)"

miércoles, 22 de septiembre de 2010

En la lectura, quien manda, manda


Está visto que no siempre manda uno sobre sí mismo, o al menos no la parte de uno que pretendía tener potestad para ello.
Este verano leí el primer volúmen de la trilogía de Naguib Mahfuz, titulada "Entre dos palacios". Sus cuatrocientas y pico páginas me cautivaron, quizá por esa atracción que siento tan a menudo hacia esos libros en los que aparentemente no sucede mucho, cuyo argumento transcurre lento y sereno como cauce de arroyo llano. Acabé, como digo, cautivada de su lectura y no sé por qué me enfrasqué demasiado deprisa en otra lectura de cariz opuesto por completo. Una novela escrita por un japonés, plagada de costumbres propias del sol naciente.

No pude aguantar mas de diez páginas, consciente del choque interno que me producía cambiar de la cultura egipcia a la japonesa en un abrir y cerrar de ojos. La facilidad física con que uno cierra un libro y abre otro no se corresponde con el beneplácito y aquiescencia de nuestro corazón. Sentía desazón, malestar y...un profundo sentimiento de infidelidad.
Imposible luchar contra eso, me dije.
A los pocos días ya me había hecho con la segunda parte de la trilogía egipcia, de manera que ahora me hallo de nuevo felizmente cobijada entre las calles de El Cairo. Y qué bien se está.

lunes, 20 de septiembre de 2010

Vampiros nacionalistas


Esta mañana he oído en la radio una noticia sorprendente:
un grupo de científicos estadounidenses ha detectado que los murciélagos poseen diferentes acentos en su lenguaje, según habiten unas regiones u otras de la naturaleza.
Una vez me he repuesto de la impresión, me preguntaba yo si no tienen otra cosa que investigar mas interesante o mas productiva para el bien de la Humanidad, como una vacuna definitiva contra el cáncer, por ejemplo.
Y ya puestos me ha dado por pensar otra cosa: si en vez de ser murciélagos norteamericanos, fueran españoles, tendríamos por doquier reivindicaciones tales como "QUEREMOS CUEVAS AUTONOMICAS", "ESTATUTO YA".
¡Ay, madre !

viernes, 17 de septiembre de 2010

Los viejos verdes


Yo creía que esa raza peculiar perteneciente a una generación reprimida ya era historia...
Ilusa descerebrada, qué poco conoces aún a la raza humana.
No sé qué ocurre a mi alrededor que ultimamente no hago mas que cruzarme - y lo que es peor, cruzar palabra - con viejos verdes a destajo. De la calaña mas rastrera, babosa, hedionda y chabacana.
Bastarán dos ejemplos para que se me entienda:
en el pueblo de la sierra donde paso parte del verano, hay un puesto de churros permanente, regentado por un padre y su hijo desde tiempos inmemoriales. Nunca había ído a comprar allí, pero en fin, hace una semana alguien me dijo que el dueño era oriundo de un pueblo cercano al de mi madre, y que le diera recuerdos del cura, D. Javier. Así que me planté delante de los churros y su cocinero y le hablé del asunto, contenta de ser mensajera entre paisanos.
No habían pasado treinta segundos y ya mis oídos vomitaban tras escuchar frases del tipo: las mujeres no quieren comer churros. ¿Ah, porque engordan? No, ricura, porque levantan el apetito sessual a ellas y sus maridos. Glups ( me decía a mí misma). Y el verderón continuaba: además, qué coño, la mujer tiene que tener tetas y culo, jajajaja. Buenas tetas y buen culo, jajajaja. Aunque mis churros no engordan ¿eh?
Así que lo dejé practicamente con la palabra en la boca y, por supuesto, ya me ha visto el pelo por sus pagos. Qué falta de educación y qué mal gusto; dado el percal del elemento mucho me extrañaría ver delante de su puesto ni una sola mujer, como no sea una primeriza incauta como yo.
Segundo ejemplo: en un pueblo de Burgos, hace un par de días. Escenario: tienda de capachos, miel y cacharros de barro. Detrás del mostrador un señor de unos 60 años, aparentemente educado pero demasiado parlanchín ( si os dáis cuenta, todo parlanchín acaba metiendo la patita en medio de su verborrea incontenida). En este caso soltó su baba apestosa cuando R y yo le hicimos un comentario sobre las botas de vino que descubrimos tras los serillos de paja. Si, si, son estupendas y duran toda la vida si se sabe cómo tratarlas...jejeje...porque una bota es como una mujer...jejeje...hay que cuidarla y usarla...jejjeje...usarla mucho. Ya me entienden.
Otro viejo verde que se quedó con la palabra en la boca. Lástima que ya le habíamos pagado.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Editores, escritores....alegrías


Kafka solía decir que su deber diario era la alegría. Ese hombre torpe y callado al que recuerda su editor, Kurt Wolff en su primer encuentro, vulnerable, tierno "intimidado como un colegial examinándose de bachillerato", ese que creía tan poco en sí mismo y en sus posibilidades como escritor, se cubría cada mañana con una capa de felicidad para contrarrestar sus inseguridades.

Ahora Acantilado publica "Autores, libros, aventuras" del propio Kurt Wolff, un compendio de perlas, esmeraldas y demás piedras preciosas literarias de una época dorada de su editorial, creada cuando tan sólo contaba con veintiséis años.

En el artículo del ABC Cultural, firmado por Mercedes Monmany, me sorprendo leyendo (aunque quizás no debería) el reconcome de Kafka ante Wolff: "siempre le quedaré mas agradecido porque me devuelva mis manuscritos que por su publicación". Comprendo cuán poco conocemos de las personas que admiramos, aunque pretendamos haberlo leído todo sobre ellos, indagado sus vidas, familia y amores. Nada, o muy poco. ¿Cómo poseer el sentido íntimo y último de sus existencias si tan siquiera podemos describirnos a nosotros mismos, que habitamos este cuerpo desde que nos parió nuestra santa madre?

En realidad no me propongo divagar hacia donde no pretendía al comenzar esta entrada de hoy (cientos de veces mi mano sobre el teclado corre por caminos impensados en un principio). Lo que quiero airear como bandera al viento en esta mañana soleada, es la consigna que rigió la empresa de Kurt Wolff , según sus propias palabras:
"Uno edita o bien los libros que considera que la gente debería leer, o bien los libros que piensa que la gente quiere leer. Los editores de la segunda categoría, es decir, los editores que obedecen ciegamente el gusto del público, pertenecen a otro órden. Para esta actividad no se requiere ni entusiasmo ni buen gusto. Se proporciona la mercancía que se demanda."

Mi alegría de hoy es, pues, este hallazgo de Acantilado y no ha de ser una alegría kafkiana del deber autoimpuesto, sino todo todo un placer. Así sea.


martes, 10 de agosto de 2010

El microcosmos del verano


Creo que el verano es un microcosmos en el que se concentran todos los acontecimientos de la vida, solo que en poco tiempo y en alta densidad. Una especie de agujero negro del universo cuya elevadísima fuerza gravitatoria engulle sin piedad cuerpos y almas.
Desde que comenzó el verano no hago mas que despedir a los que salen de viaje y dar la bienvenida a quienes llegan de vacaciones. Es decir, tengo bien a mano la garganta en un nudo y los ojos inundados, sea por alegrías o por tristezas, y saludo y me despido en varios idiomas como si fuera una guía turística. Todo ello en mes y medio. Ya digo: alta densidad al borde del colapso. El Big Bang inmisericorde.
Acabo de despedir a mi familia holandesa, que comienza el curso a mediados de agosto, saltándose a la torera nuestras costumbres mediterráneas. Tengo el agujero negro en el estómago y las mareas lunares ahogando mis pupilas...
Me voy en busca de mi vaso de Nocilla, para secar mis lágrimas entre sus brazos rebosantes de leche, cacao, avellanas y azúuuucar.

domingo, 18 de julio de 2010

Eurípides



Habla si tienes palabras mas fuertes que el silencio, si no, guarda silencio.

Eurípides.

lunes, 12 de julio de 2010

La Roja, La Rioja


Aquí una servidora está desolada porque se ha acabado el Mundial y siente un vacío en un lugar indefinido de su ser.
Nunca he sido futbolera, salvo en la Eurocopa, los Mundiales y eventos similares. No soy del Madrid, en todo caso del Atlético, y ni tan siquiera conozco a los jugadores del equipo.
Pero ando envuelta en el halo esférico que arrastra estos días al globo terráqueo y bebo los vientos por los pies de Villa, Puyol e Iniesta, las manos de Casillas y el pecho hundido de Xabi Alonso con la patada del borrico holandés.
Hoy estoy saturada de imágenes, es cierto, pero mañana echaré de menos a los once y sus sustitutos, así como el rostro adusto de del Bosque.
Ando, pues, beoda de éxito y coraje, tanto que en los carteles por doquier confundo "Todos con La Roja," por "Todos con La Rioja".
Es cierto, no hago un chiste fácil.

jueves, 8 de julio de 2010

Meditaciones en una terraza


A solas una tiene tiempo de hablar consigo misma, encontrarse o reencontrarse, porque suele ocurrir que las interferencias del mundanal ruído nos distraen y alejan de nuestra raíz mas propia. Y no se precisa una reclusión monacal para tal menester.

Hoy me he sentado en la terraza de un bar, en la plaza de este pueblo serrano donde estoy pasando la semana. Un refresco con aceitunas y un libro sobre la mesa eran mis únicos compañeros. Sobre las mesas ondeaba un aroma a nardos y jazmines que parecía querer atraparnos en otra época, en otra latitud muy lejana a estas tierras; quizás sólo yo lo precibía, no puedo saberlo, el caso es que las seis-siete personas que ocupábamos el lugar no parecíamos tener prisa por levar anclas y regresar a nuestros puertos.

En mi cabeza y en mi corazón (sin saber a ciencia cierta en cuál de ellos justamente) se sucedían acontecimientos de mi vida. Una frase, una llamada telefónica, los emails que recibo del trabajo y de mi gente querida. Todo tenía cabida en ese momento sin enfrentarse innecesariamente, con parsimonia y delicadeza, tomando cada uno su espacio calmoso, sereno, diría que alegremente. Puedo casi afirmar que todo se planteaba ante mí con esa seguridad que te embarga en momentos en los que te sientes especialmente madura, firme, incluso poderosa, cuando el poder lo ostentas sobre tí misma.
En mi libro, el director de un museo damasceno despide a su vistante con esta fórmula: adiós, le deseo lo mejor, le deseo que sea felíz con su trabajo. Recuerde, el trabajo no es un castigo, es el goce que Dios nos ha dado para que no nos enloquezca el paso del tiempo.
Y deseo con ardor que esta frase forme por simpre parte de mi vida.

En mi agenda, leo pensamientos de otros que el editor me regala en cada página, como éste de Cortázar: "cuántas palabras, cuántas nomenclaturas para un mismo desconcierto".

Pero no hay desconcierto en el gol de Puyol (bendito seas) ni en aquellas personas que caminan por la tierra regalando pedacitos de cielo, ni en las aguas frescas de un baño nocturno a la luz de la luna; tampoco había desconcierto en el olor a nardos y jazmines de esta mañana, aún cuando sigo preguntándome, a estas horas, de dónde salía.



lunes, 5 de julio de 2010

Una amiga enamorada


Tengo una amiga enamorada.
Dicho ésto en los tiempos que corren no es muy habitual, o en mi grupo de amigas con el corazón libre, no lo era ultimamente. En las reuniones femeninas que tanto nos gustan sólo aparecían reseñas de moscones varios, casados en busca de aventuras, separados con cuerpo de jota y cero modales, solteros raritos en edad madura e intenciones dudosas.

Puesto que mis amigas son mujeres de mucha valía por sí mismas, independientes, cultas y además, guapetonas, esos entes que las pretenden no tienen mucho ni poco que hacer con ellas, así que se les nombra de soslayo, como pura anécdota y escaso interés.

Es decir, que no se hablaba de amor propiamente dicho, hasta ahora.
A partir de ahora se habla mucho y de muy variadas formas: en persona, por parejas o en grupillos mas o menos numerosos, por teléfono , a través de mensajes a tres bandas, con carambola y acuses de recibo, emails a los que acompañan fotos o simples ideas repentinas que surgen en cada cabecita como ráfagas de complicidad.

Cuando el amor anida y crece en el corazón de una mujer, el resto de mujeres se contagia de su voluptuosidad y desea participar en la medida de sus posibilidades; entran en escena recuerdos de amores pasados, abruptas frases de rencor o almibaradas imágenes de lo que puede llegar a ser si...o quizás si no...
Todo es confuso y cambiante. Todo está contaminado por el agridulce deseo que fluye entre la pareja que se ama.
Hasta que la chica en cuestión dice : basta, dejadme saborear este amor que es sólo mío.
Porque resulta que con tanto ir y venir de boca en boca, de corazón en corazón, acaba siendo un amor manoseado, que pierde su color y sus raíces.

Las mujeres, que también entendemos de ésto, nos retiramos a observar desde la distancia, a la espera de las noticias que llegan como señales humo, difusas, pero inteligibles.
Yo creo que si el hombre, segunda parte contratante de este embrollo sentimental, supiera de ello, gritaría a los cuatro vientos, los versos de Antonio Colinas:

Dejadme con la libertad que se pierde en los labios de una mujer.


viernes, 2 de julio de 2010

Lunes de poesía, jueves de fotografía



El lunes 28 de junio se presentó en el Ateneo de Madrid el libro Erato bajo la piel, Antología de poesía erótica bajo la coordinación de Pura Salceda.
Allí asistí a la lectura de poemas de algunos de los noventa (si, noventa) poetas integrantes de la obra. Un gusto de pisco labis para quien quiera adentrarse a posteriori en banquetes particulares, con chefs como Luis Alberto de Cuenca, Guillem Vallejo, Felipe Sérvulo, Joan Margarit, Frankan, Miriam Reyes...o la propia Pura Salceda, cuyos versos, ya sea en castellano o en gallego, producen siempre un dulce vértigo.

Y el jueves 1 de julio, inauguración de la exposición de fotografía y pintura de mi amigo Torres Coco, en la sala Consentido, de la calle Barco de Madrid. Espléndida tarde de cervezas y buen humor entre artistas de todas las ramas, en cuyo epicentro sonreía como el que mas el homenajeado. Su genialidad y vocación bien merece que le arranquen de las manos todo lo que crea.
Un acto bien podría haber acompañado al otro por tema y valentía. Yo imaginaba haber escuchado unos cuantos versos de aquéllos guiñando en complicidad con las imágenes de las paredes de ayer. Al fin y al cabo la vida nos ofrece estas inusitadas coincidencias, siempre felices.

A la izquierda, fotografía de algunos poetas en el Ateneo, con Pura Salceda en el centro.
A la derecha, invitación a la exposición de Torres Coco.
Quede ahí mi recomendación.




domingo, 27 de junio de 2010

Como helado de vainilla


Hay personas que sólo se me antojan soportables si forman parte invisible de un grupo, haciendo bulto o pasando desapercibidas, sea porque su presencia apenas se hace notar o porque son lietarlamente un petardo.
Son como el helado de vainilla: insustancial en sí mismo pero estupendo como base a la que acompaña un buen montón de chocolate líquido, o licor calentito de ron y caramelo.

martes, 22 de junio de 2010

Parca en palabras y alguna foto



De un tiempo a esta parte no encuentro palabras con que llenarme la boca ni este espacio del blog, por eso he pensado dejar alguna imagen de las muchas que miro y remiro estos últimos días.
A la izquierda, un niño de unos 5-6 años en las ruínas de Palmira, Siria. Vendía postales junto a un primito algo mayor que él. Cuando intentamos darle unas monedas sin comprarle nada, sus ojos se llenaron de una extraña dignidad, impropia de una criatura de su edad.
A la derecha, bailarina árabe en Damasco.

martes, 15 de junio de 2010

Marhama, habibi


Me enfrento a esta página en blanco a sabiendas de que todo cuanto diga quedará escaso, falto de color, cojo de nacimiento y mudo por incapacidad creadora. ¿Cómo traspasar las sensaciones que anidan dentro para siempre con un lenguaje de signos, ya sean éstos cirílicos, cuneiformes o arábigos? No hay manera y espero que se me sepan perdonar estas limitaciones personales y ajenas a mi deseo.
Una semana en otro mundo sabe a poco. Una semana en el Próximo Oriente vuela en un suspiro y uno vuelve a la tierra natal con deseos de coger el avión que lo trajo durante cinco horas en mitad de la noche. Porque faltan horas de charla con un guía palestino que te cuenta la historia de su pueblo desde otro punto de vista. Yo nunca había tratado con un palestino; si, una de esas personas que asoman en los telediarios entre bombas y bloqueos que nadie entiende del todo. Ni son tan malos ni tan buenos como quieren hacernos creer según quién y cuándo. Son, ni mas ni menos, gente corriente que quiere a su familia, que trabaja, que estudia en la universidad o se casa con veinte años y tiene siete hijos. Gente que pasa su jornada en un puesto esmirriado de especias o alfombras en el zoco de Damasco, junto al barrio cristiano.
He viajado en medio de una tormenta de arena camino de Palmira, por la carretera que lleva a Irak. El vello se me erizaba leyendo los pocos kms que nos separaban de Bagdad, esa ciudad bellamente mítica que ahora suena a horror y polvo.
He visto de cerca unas de esas tablillas de escritura cuneiforme que estudié en la carrera. Y pensar que se conservaron para la eternidad gracias al fuego que sufrió la biblioteca que las albergaba, cociendo así el barro y haciéndolo imperecedero...
He tocado capiteles romanos y pisado monasterios del s IV, y, en la fortaleza de Crac de los Caballeros posé junto a un actor de telenovela que simulaba ser un sarraceno asediando a los cruzados. Quién sabe si dentro de sus muros de piedra aún pululaban los espíritus fatigados de los auténticos protagonistas de la Historia.
En Alepo encontré una mujer marroquí, casada con un sirio y residente en Egipto. Era una mujer simpática y culta, sin velo ni prejuicios. Únos metros mas allá, un atractivo jóven de Qatar se dejó fotografiar con su vestimenta pulcramente blanca y unos gemelos de oro que relucían al sol.
He oído hablar de chiítas, hezbollah, falta de libertad de prensa...pero también se ha hablado de un maravilloso libro titulado "La epístola del perdón". Todo cabía en este pequeño grupo que caminaba por los cuatro puntos cardinales de un país desconocido.
Traspasar las propias fronteras es lo mas enriquecedor que puede hacer el ser humano para así liberarse de ideas absurdas - y ajenas, la mayoría de las veces - . Yo sigo aún en una nube que no me deja posar los pies en la tierra. Lo haré, no obstante; ya se sabe que estas cosas llevan su tiempo, ni mas ni menos .

miércoles, 9 de junio de 2010

En Siria


Cuando se publique esta entrada llevaré, si Dios quiere, algunos días por tierras sirias. Sólo me llevo una vaga idea de qué puedo encontrar en Damasco, en Palmira, en Aleppo, en las aguas míticas del Eúfrates. Mis apuntes de la facultad de Historia Antigua duermen hace un par de décadas un sueño profundo, con la esperanza de que mi mano, ahora perezosa, desempolve sus telarañas milenarias.

Hoy viernes 5 de junio, programo esta entrada con el portátil sobre las piernas y juro en solemnidad revolver viejos cajones, sacar a la luz aquellos folios de letra un poco infantil donde me esperan bellas historias de la Historia. Hoy las vería con otros ojos, sin los nervios de exámenes cercanos; hoy comprendería todo mucho mejor y mis profesores no me parecerían malévolos.

Bien pensado, uno debería estudiar la carrera con 30 ó 40 años.

En fin, no caiga yo en divagaciones infructuosas: me voy a hacer la maleta.


sábado, 5 de junio de 2010

La Novena y el síndrome de Stendhal


La noche del martes fue el primer concierto de la serie de sinfonías de Beethoven. Primero de cinco, que resultó ser primero y único, pues La Fundación la Nota Azul Europeae nos pasó, junto con el programa, un comunicado de disculpa y anulación de los cuatro restantes.
Como una tiende a elegir el lado alegre de los acontecimientos, resultó que este aborto de ciclo quedaba inaugurado con la Novena Sinfonía. No podía pedir ni desear nada mejor.

Cuando aún era mas ignorante en Música, tenía una irracional aversión a esta Coral. Creo que influyó en mí tanta y no siempre acertada versión del Himno a la Alegría que oía brotar a borbotones en mis años infantiles .

La noche del 1 de junio todo fué muy distinto.
En la Sala Sinfónica, la batuta de Ramón Torrelledó llevó al Cielo a la Orquesta Europeae de Conciertos, al Coro de la Maestranza de Sevilla (colosal), a la soprano, mezzo, barítono y tenor (de cuyos nombres lamento no acordarme).
A ellos los elevó al Cielo, como digo, y a mí me dejó literalmente descompuesta, con esa enfermedad que Stendhal regaló a la Humanidad en su visita a Florencia. En estos delirios de belleza extrema, quería agradecer a Schiller el texto de su Oda a la Alegría; imaginaba a Beethoven el día del estreno, en mayo de 1824, sordo como una pared, dirigiendo sin poder escuchar ni una sola nota de su propia creación. Dicen que en ningún momento se giró de cara al público, con los ojos ahogados en llanto y la sala explotando en ovaciones. También creí asistir a los ensayos de aquella primera orquesta, cuando los músicos protestaban una y otra vez por la dificultad de sus partituras y el genio se enfurecía y les azuzaba con pésimo talante.

Después de su estreno, Beethoven no volvió a mostrarse en público, quizás aquejado del síndrome stendhaliano autoimpuesto. ¿Cómo no comprenderlo, si una hubiera deseado que se la tragara la tierra, y que ningún otro sonido perturbara ese estado del alma, puesto que el alma parecía no pertenecer a este mundo?