miércoles, 30 de septiembre de 2009

Discreto, siempre, el poeta


José Antonio Muñoz Rojas, el poeta de Antequera, ha muerto sin hacer ruído, quizás porque sus cien años así lo requerían. Mi descubrimiento de él fué tardío, pero gozoso, y con todo mi respeto quiero rendirle homenaje en esta página dejando uno de sus poemas.
No tiene todo el mar la sal precisa,
ni belleza en la tierra el instrumento,
ni música celeste el movimiento,
ni tales lirios por enero, herriza,
ni hubo temblor en pájaro o en brisa,
ni en río, ni en caballo, ni en acento,
ni en verano o espalda se halló el viento
con una mas sabrosa y menos prisa,
como encerrada tienes, sin saberla,
de la ceja al cabello una ternura
que levanta al arroyo y al collado.
¡Ay, déjame morir de no tenerla,
orillas de la dicha y hermosura,
perdido en tu memoria y olvidado!

domingo, 27 de septiembre de 2009

Usos y disfrutes de la Benemérita


Hace pocos días J.M.Ridao nos contaba en su blog una anécdota encantadora de los municipales, en el pueblo donde veranea con su familia. Mi torpeza me impide crear un enlace a su entrada ( un día de éstos he de ponerme a ello sin excusa posible).

Al leerlo recordé a la madre de unas amigas mías, señora de armas tomar, señora que ideaba con cerebro matemático cómo salir de un apuro, embrollo, duda y cualesquiera escollos propios y ajenos que osaran plantársele delante.

La susodicha dama era viajera por vocación íntima y por el trabajo de su marido. Cuando tocaba desplazamiento internacional no sé cómo se las ventilaría, pero si el trasunto íba a suceder por territorio nacional, unos días antes de la partida agarraba la guía telefónica y llamaba... ¡al cuartelillo de la población de destino!
Y ¿qué hacía? Pues ni mas ni menos que un sondeo exhaustivo de cómo ir, dónde comer, los comercios de que disponía el centro urbano, los mejores alojamientos del entorno; de paso, si era tan amable el sargento que le había cogido el teléfono, de recomendarle alguna excursión por los alrededores, los días que hubiera mercado en la zona, si había aparcamientos de fácil acceso o era mejor dejar el coche en algún otro sitio " de esos que ustedes sabrán, debido a su oficio".
Si, dada la temporada, la climatología era propicia para ésto o para lo otro; si, para mayor suerte el interlocutor era piadoso, quizás sabría los horarios de misa las fiestas de guardar....
¡Un cuestionario sin fin!
Por lo que cuentan sus hijas, la madre tuvo suerte toda la vida con sus llamadas al mas puro estilo KGB y ningún funcionario la despachó jamás con cajas destempladas. A veces, cuando lo pienso, me pregunto si formará parte de su entrenamiento en la Academia algún tipo de tortura psicológica de similares características. Cachaza para aguantar un tormento así no se adquiere a la ligera.
Espero que esta mujer, a la que conocí poquísimo, sea dicho de paso, tuviera la deferencia de acudir a los desfiles de las Fuerzas Armadas, cada año, religiosamente, para gritar al paso de la tropilla vestida de verde : ¡ Viva el Benemérito Cuerpo de la Guardia Civil !


martes, 22 de septiembre de 2009

Alguna secuela de Pla

El diez de agosto de 1918, Pla leía el Dietari de Francesc Rierola en el pinar del Ferriol. El que escribe un dietario, leyendo otro dietario (carambola de aficiones, pienso).
Alguien le pregunta si el libro que tiene entre manos es de Paul Bourget, casi lectura exclusiva entre los veraneantes de aquellos días y él, que rehuía parecer un pedante, contesta que si. En silencio medita sus lecturas y llega a la conclusión de que Rierola, "en vez de escribir, vocifera, grita, lanza anatemas. Es mas cómodo. Para gritar no se necesita hacer ningún esfuerzo. Gritar no es nada.../.../
El drama literario es siempre el mismo: es mucho mas difícil describir que opinar. Infinitamente más. En vista de lo cual todo el mundo opina. "

¿No intuía yo en mi anterior entrada que este bendito Pla me íba a traer consecuencias? Helo aquí.

jueves, 10 de septiembre de 2009

El cuaderno gris, un cuaderno de oro



Me esperaba desde hace un año, humilde y sereno, como sólo saben ser las almas nobles, en un estante de mi librería.
Leí el prólogo de Dionisio Ridruejo casi sin aliento, a sabiendas de que estaba abriendo las páginas de un gran libro y a la espera de encontrarme con esas bellísimas palabras escritas originariamente en catalán, cuidadosamente traducidas al castellano.
Me bastan muy pocas páginas para conocer si una obra me merece la pena o si, por contra, tiraré la toalla a la mínima de cambio y un hecho me dá la pista de inmediato (con El cuaderno gris de Josep Pla tengo un vivo ejemplo): en cada página encuentro un párrafo, una frase escrita, en apariencia, al tuntún, que es motivo y causa para la reflexión personal.
El dietario de Plá pudiera haberse escrito en nuestros días, aunque comenzara a redactarlo en 1918. Me encuentro con meditaciones de enjundia, como esta breve exclamación: ¡La familia! Cosa curiosa y complicada...( Con ella se podrían escribir entradas muy lúcidas en cualquier blog, me digo).
Unas páginas mas adelante, una irónica alusión a la gripe que arrasaba el país en el año 1918 y que no puedo pasar por alto en este post : " Ahora, finalmente, da gusto vivir en Cataluña. La unanimidad es completa. Todo el mundo está de acuerdo. Todos hemos tenido, tenemos o tendremos, indefectiblemente, la gripe."

Avanzo por El cuaderno gris con los cinco sentidos en estado puro, ineluctablemente vírgenes. Sospecho que sus páginas van a dejar en mí hondas huellas. Quizás también dejen sus marcas en este blog.

jueves, 3 de septiembre de 2009

La última ola


En el instante en que bese la playa la última ola de todos los océanos, comenzará la cuenta atrás de los días que falten para el fin del mundo.

Podría ser la frase que diera comienzo a una novela. Lo difícil, como siempre, hallar el argumento de la misma, porque, con esta premisa, cualquier meollo es factible.

Una chica está en la playa, sobre la arena, en esos minutos que anteceden al sueño profundo que arrulla el mar. Atrás ha dejado un año trabajoso y no desea pensar en nada, salvo lo que el alma quiera, y ahora le ha dado por imaginar qué ocurriría si, de pronto, dejaran de sonar las olas.

¿Qué sucedería a su alrededor cuando el primer ser humano se percatara de la quietud de las aguas? ¿Cuánto tardarían en notar que no es un efecto pasajero, sino un hecho real, sin vuelta atrás? Como la pólvora, se extendería el temor por la playa, por todas las playas del mundo, en cada faro y cada puerto, en cada comandancia de marina y en todas las cofradías de pescadores. En alta mar los veleros arrancarían sus motores al cesar el viento, pero quizás serían los ultimos en enterarse de la tragedia.

Desde las costas, la noticia volaría al interior de los continentes. Los científicos del mundo entero se echarían las manos a la cabeza y el ciudadano de a pié discutiría si la culpa ha sido del efecto invernadero o de la carrera espacial. A Sarkozy lo veríamos tomar vela en este entierro saliendo en todas las cadenas de televisión, con Angela Merkel al lado, o detrás suyo, ambos serios y circunspectos. La Bruni compondría un tema con su guitarra en una sala del Palacio del Eliseo. ¿Hay ciudad mas bella para morir? Posiblemente no y por eso Carla tiene que agarrar la inspiración al vuelo y cantar en un dulce francés las palabras del cataclismo.

La chica de la playa se ha desperezado momentaneamente, inquieta por el devenir de su loca imaginación. El sentido común le dice que si se pone boca abajo la modorra volverá a apoderarse de ella, y se deja acariciar la espalda por el sol y la brisa del atardecer. Complacida comprueba que las olas siguen obedientes, acariciando también suaves la arena con su ritmo lento y desigual. La vida continúa, no hay fin del mundo a la vista, ¡ay!

Antes de sumergirse en los sueños poderosos, esos que viajan ajenos a nuestra voluntad, se promete a sí misma buscar mas tarde otros argumentos para ese libro. Nada de ciencia ficción; quizás una simple novela de costumbres, donde el amor y la muerte, que a veces se quieren tanto, vayan también de la mano de un mar que aún no ha entregado su última ola.

domingo, 2 de agosto de 2009

Tchaikovsky en un pueblecito


Los hados han querido regalarme una delicia musical, cuando yo daba por finalizada mi etapa de conciertos clásicos.
Una ya empieza a dudar muy mucho de tantas casualidades de la vida, porque si entramos en honduras resulta que no es posible la cadena de hechos finamente engarzados que nos llevan a determinado lugar o situación.
Pero no voy a entrar en Tegucigalpa (la capital de Honduras).
Voy a entrar en un pueblecito segoviano que ha tenido a bien organizar tres días de conciertos al aire libre, en su plaza Mayor, con la magnífica vista al fondo de su castillo iluminado poniendo color al pentagrama.
Hace pocos días tuve la ocurrencia de llevarme a dos hermanas a visitar una tienda de antigüedades, a 18 kms de nuestra casa. Al llegar al pueblo, nos encontramos un trajín de operarios afanados en montar escenario y sillas, bajo el sol azotador de Castilla. Resultaba que esa misma noche se daba el primer concierto de una serie de tres, bajo la batuta del jóven director español Ramón Torrelledó. La Orquesta Sinfónica Estatal Rusa y la soprano Irina Starodubtseva harían las delicias de una población nada acostumbrada a estos eventos maravillosos.
El programa: Sinfonía nº 5 de Tchaikovsky, la Marcha Eslava, el vals de la Bella durmiente, la "Escena de la Carta" de Eugene Oneguin y la Obertura 1812.
Nos hicimos con cuatro entradas y nos plantamos nuevamente bajo el castillo, a las 22 h, ataviados para el evento. Una noche perfecta; aunque el sonido al aire libre pierde calidad y color, otro color suple amable lo que los oídos pierden. Un castillo medieval coronando la escena, ardiendo en ocres bajo el efecto de los focos y las estrellas. Y a la hora bruja, las 12 en el campanario, un par de copitas de Rioja , mientras alabamos la voz de la soprano y el crotoreo de las últimas cigüeñas trasnochadoras.

viernes, 31 de julio de 2009

Cuando llega agosto


Cada año por estas fechas me acuerdo de lo que fueran otros veranos, hace tantos veranos.

En mi época estudiantil agosto significaba el meridiano de las vacaciones, un mes lleno de tormentas veraniegas en el campo, de amigos que se incorporaban a la panda tardiamente. Qué largos descansos estivales eran aquéllos.

Ahora es radicalmente distinto.
Mido estas fechas por semanas pues cada persona que conozco parte su descanso en quincenas. Por poco he de llevar una agenda de encuentros si quiero coincidir con mis gentes. Yo misma organizo viajes fuera de época, aunque arrastre la pesada carga del ordenador en cada uno de ellos por aquéllo de no sentirme demasiado mal con mi sentido de la responsabilidad.

Ahora bien, agosto es agosto. Ahora entiendo qué significaba este mes para mis mayores cuando yo apenas pensaba mas allá de mi bici y la piscina. Es el mes en que todo se cierra. Y yo encantada, porque durante 31 días no espero recibir emails ni llamaditas en la siesta de gente que me sería non grata.
Ahora vengan a mí las musas de la Literatura y la Música, vengan mis amigos de visita a esta casa serrana, vengan sobrinos, cervezas, meriendas, sol y agua, kilos de más, pieles tostadas.

Durante cuatro semanas pensaré como aquel escritor que lamentaba haber perdido fuerzas y tiempo en los humanos afanes. Hay demasiadas cosas bellas a mi alcance. Debería echar mano de estos pensamientos también cuando no sea agosto.


martes, 28 de julio de 2009

De orfidales y otros remedios


Mi ausencia de estos días en el blog y en otros tiene sus motivos, que, al ser tantos, no viene a cuento enumerar. Lo siento, con esa punzada en las entrañas que te recuerda que estás faltando a un deber. Así mirado y sentido no resulta de ser chocante cómo tendemos a crearnos ataduras, trabajos, querencias y ligazones que nos envuelven y cortan las alas, de modo que, a las dificultades propias de la vida, le añadimos pequeñeces, o no tan pequeñeces.

Voy arrastrando una encruzijada personal mezclada con laboral (pues ambas son inseparables de hecho) y, dada mi forma de ser, también las mezclaría aunque no tuvieran absolutamente nada que ver. Qué asco de forma de ser, tan bien compartimentada y tan bien comunicada entre sí. Con lo mal ingeniero de de telecomunicaciones que yo sería y, sin embargo, qué bien me las he apañado para crearme unas conexiones dignas del Pentágono.
A lo que voy: que estoy que no duermo. Literalmente.

Amigas mías me recomendaron muy seguras "toma Orfidal". Y yo fuí muy inocentemente a comprarlo a la farmacia. ¡Ja! Si no hay receta, no hay Orfidal. Y yo no quiero ir al médico para un trastorno pasajero. Hace unos días, una farmacéutica de pueblo me regaló cinco pastillitas de tan milagroso brebaje para que hiciera la prueba, pero las he perdido entre los papeles -tan poco abultaban las benditas- así que estoy pasando mi vía dolorosa a pelo, como hacen los machotes.
Qué orgullosa me siento...
¡Y una porra! Lo que estoy es fastidiada por mi mala cabeza e irresponsabilidad, que no es sano ni cabal ir dejando pastillas a la buena de Dios, para que caigan en manos de cualquier desalmado. Y que encima ese desalmado tenga dulces sueños a costa de mis madrugadas en vela.
R. dice que haber perdido el Orfidal es señal de que no me convenía tomarlo, ni siquiera probarlo.
Pues vale. Yo, por si acaso, he decidido sustituirlo por una copa de vino antes de acostarme. Y tan ricamente que he dormido esta noche siete horas de un tirón. Viva el crianza del año 2002 con el que inicié anoche esta báquica ruta hacia Morfeo.

martes, 14 de julio de 2009

La sabionda sin pies


De vuelta en el tren de Murcia, donde me habían dejado mis buenos amigos tras pasar unos beatíficos días en su casa de Almería, me enfrasqué en las Confesiones y Memorias de Heinrich Heine.
Cuenta Heine que, perdidos sus derechos de autor en las reediciones de su obra De l´Allemagne, y dado que consideraba criminales los errores que había hallado a posteriori, no le quedaba otra solución que incrustar un prólogo aclaratorio purgando sus faltas. El prólogo me parece excelso, pero sería interminable colocar una entrada con todo él.
Me tomo la licencia de transcribir algunos párrafos a sabiendas de que, al propio Heine, le parecería estupendo que alguien recordara esta expiación algún siglo después:
"....Además, en la Biblia hay historias muy bellas y curiosas, que valdría la pena que se tuvieran en cuenta; por ejemplo, justo al principio, la historia del árbol prohibido del paraíso y la serpiente, la pequeña catedrática que ya, seis mil años antes del nacimiento de Hegel, refirió toda la filosofía hegeliana. Esa sabionda sin pies demostró con mucha agudeza cómo lo absoluto consiste en la identidad de ser y conocer, cómo el hombre se convierte en Dios a través del conocimiento o, lo que es lo mismo, cómo Dios llega a tener conciencia de sí mismo en el hombre. Esta formulación no es tan clara como las palabras originales: ¡ si habéis disfrutado del árbol del conocimiento, seréis como Dios !
De toda la demostración la señora Eva sólo comprendió una cosa: que la fruta estaba prohibida, y porque estaba prohibida, comió de ella, la buena mujer. Pero, apenas acababa de comer de la seductora manzana, perdió su inocencia, su ingenua espontaneidad; vió que estaba demasiado desnuda para una persona de su posición, la madre de tantos emperadores y reyes futuros, y pidió un vestido. Claro que sólo un vestido de hojas de parra, porque por aquel entonces aún no había nacido ningún fabricante de seda de Lyon, y porque en el paraíso tampoco había maquilladoras ni modistas.
¡Oh paraíso, qué curioso! ¡ En cuanto la mujer tiene conciencia pensante, su primer pensamiento es un vestido nuevo ! ..."

miércoles, 1 de julio de 2009

Casas


Como casi todas las tardes, he ído hoy también a la casa de mis padres, ahora que ellos no están (cada uno por un motivo).

Abro la verja y me asomo al jardín solitario, sabiendo que nada habrá cambiado de ayer a hoy. El cerezo que planté cuando mi padre aún vivía prosigue su camino hacia los cielos, creciendo fuerte aunque sus raíces se asientan sobre escombros. Un milagrito de la naturaleza.

Entro en casa y merodeo por cada habitación antaño llenas de vidas de todas las edades. Allí hemos llegado a cohabitar diez personas, a veces once o doce, aunque esa cifra no soy consciente de haberla compartido. Imagino que por algún rincón, o bajo los armarios, se esconde la voz de una tía abuela, menudita de cuerpo como una nena de ocho años. Cuando ella tenía ochenta y yo cinco, me hacía sentarme a su lado sobre un baúl y me decía que íbamos en un tren, rumbo a su pueblo. Ella lo creía de verdad y para mí era un juego.

Me siento en el sillón de mi madre junto al balcón y la llamo por teléfono, para decirle que por aquí todo anda bien, hasta los recuerdos están en su sitio, pero ésto me lo callo, no sea que me crea triste cuando no lo estoy.

Huelo sin intención de hacerlo, porque cada hogar tiene su propio aroma y resulta que éste me va a acompañar toda mi vida. No me asusta el crujir de la escalera de madera, ni la corriente de alguna ventana semiabierta: es mi casa. Aunque habite otras y las haga mías a golpe de amor y de lágrimas, ésta será mi casa siempre, o, al menos, hasta que lance su último aliento el último de los habitantes que abrazó entre sus cuatro paredes.

lunes, 29 de junio de 2009

Algunas reivindicaciones (Reedición)


En febrero del año pasado escribí una entrada reivindicativa, que hoy tengo ganas de reeditar tal y como la creé, sin cambiar absolutamente nada.

Hoy tengo el dia rebelde y con ganas de exigir a diestro y siniestro, con que empecemos :

A/a del Organo Competente:

reivindico ser una mujer con muchos momentos para mí sola, sin tener que aparentar estar ocupadísima, liadísima y agotada al acabar el dia y sin que las demás féminas me miren por encima del hombro por tan envidiable motivo.
Reivindico el uso obligatorio de la sombrilla en los dias de sol para evitarnos tener que comprar esas cremas tan caras con índice de protección solar xxx y esos tratamientos de belleza que no son sino sacacuartos de alto standing.
Reivindico volver a utilizar palabras y frases en desuso tan bonitas como "sería tan amable de....; que pase usted un buen dia, caballero; crápula; albricias; bajo el ala aleve del leve abanico ......"
Y hablando de abanicos, también desearía la vuelta de su uso y el lenguaje oculto de su aleteo.
Reivindico el derecho de los padres a poder echar a sus hijos de casa cuando éstos son insoportablemente mayores y caraduras, aunque no tenga nada que ver conmigo en este caso.
Reivindico el antiguo luto que, con el mayor respeto, permitía a los sufrientes mostrar su pena el tiempo necesario (es obvio que no reivindico su reverso de ostracismo y aislamiento, tan crueles y desacordes con la razón) .
Reivindico ese antiguo arte epistolar entre amigos y familia porque estoy harta de recibir solamente en mi buzon cartas del banco. ¿Hay mayor emoción que leer esas hojas plegadas que comenzaban por " Mi querida hermana Julia: por la presente te comunico...." ?
Reivindico el arte de la seducción, con sus tiempos y sus pausas, al antojo de las circunstancias, el azar y las personas.
Reivindico los besos y abrazos sin vergüenzas ni pudores, esos te quiero como sin venir a cuento, pero que siempre tienen su porqué.
Reivindico que por fin puedan amarse una mujer mayor y un jovencito sin asomo de sospecha económica de por medio. Y por supuesto también lo contrario.
Reivindico el derecho a no querer ser madre o padre.
Reivindico ser una mujer cañón y no tener porqué tirarte a todo bicho viviente, ni que esos bichos vivientes quieran tirársete a la mínima de cambio.
También reivindico ser fea como un pecado y tener derecho a que alguno quiera echarse encima de ti, varias veces al mes por lo menos.

¿Y qué fue de aquellos piropos callejeros que hacían ruborizar a las paseantes y te dejaban satisfecha para el resto del dia? Para muestra un botón castizo : "con una de tus pestañas, niña de mi alma, he de ahorcarme yo." Chulo de los pies a la cabeza ¿a que si? Pues reinvindico la inmediata incorporación de hordas de piropeadores en las calles de Madrid. Esto no es negociable, además.
Por último, reivindico el silencio, ese silencio del que nos vemos privados casi las veinticuatro horas del dia.

viernes, 26 de junio de 2009

Clase y casta


Hoy me voy a permitir una licencia lingüística gracias al Diccionario de la Real Academia Española, que otorga significados varios a una misma palabra.

Me dirijo a la comunmente llamada "clase política".
Si leo una de las opciones que la RAE da a "clase": distinción, categoría, resulta que no concuerda mucho con los susodichos representantes actuales, sean del partido que sean.
Así que me voy a una de las acepciones de la palabra "casta": se usa en especial referido a los insectos sociales. (Perfecto)
También pudiera emplearse "ralea" : manera en que se dirige el ave de rapiña sobre la presa.
Renombremos, pues, al grupúsculo:
La casta política, o
La ralea política.
Ambas fórmulas casan bien, porque clase...¿de qué clase hablamos?


sábado, 20 de junio de 2009

Beau soir


Mientras escucho Beau soir, de Claude Debussy, entro en un pequeño universo de felicidad de apenas tres minutos de duración.
Casi temo decir "soy totalmente feliz". Frase de extrema osadía para el ser humano, siempre temeroso de hurgar las entrañas de los dioses y recibir el castigo por tanta soberbia. Se baja la voz para que brote comedido el sentimiento y se sustituye por otra frase menos pretenciosa: "qué feliz me siento ahora".

Y ¿qué ocurre cuando, por el contrario, queremos gritar a los cuatro vientos: "soy totalmente desgraciado"? ¿No deberíamos esperar que la conmiseración de los Cielos nos cubriera con sus bendiciones balsámicas?
Pues no, resulta que tememos despertar nuevas furias y que nos caiga, como un chaparrón, una plaga aún peor que la que soportamos.

Total, que comos somos así de puñeteros, y el hombre se ha propuesto fastidiar al hombre con estas diatribas (ya que Dios nunca nos ha amenazado con tantas historias), el que ha nacido con un poco de prudencia se pasa la vida refrenando impulsos, no vaya a ser que...
Vuelvo a escuchar Beau soir, que para eso la creó Debussy.

sábado, 13 de junio de 2009

Parches


Al llegar a la edad madura en que me encuentro, me sorprendo con cierta frecuencia observando mi camino, todo él, lo que anduve hasta este punto y lo que me queda por delante. Como es natural, lo que atrás dejo se va distorsionando entre recuerdos reales y anhelos de lo que no fué y pudo haber sido, de lo que ha sido y no tuvo que ser. Lo que atisbo en el horizonte es confuso e irreal, suposiciones, ilusiones, angustias...de todo cabe en la viña del Señor. La enésima potencia se queda corta entre tanto cálculo de incertidumbres.

Cuando se es niño (todo inocencia, se supone) ni se mira arriba ni abajo. Estás, eres, aquí y ahora; el mundo alcanza lo que abarcan tus brazos y tus ojos, y el cielo lo mides por la caricia de tu madre y el sonido de su voz.
Sin preaviso te llega la madurez, la previsión, los cuidados, la experiencia propia y ajena, tus miedos, el sentido mas exacto de la insoportable fragilidad del ser.

Tomas conciencia de que el camino, a veces ancho, a veces estrechito como un desfiladero, está henchido de etapas. Empiezas a cubrirlas, una y otra y otra...
y acabas por comprender que esta senda las vas salvando poniendo parches.

lunes, 8 de junio de 2009

La transparencia, señor

Hay una fórmula a la hora de escribir novela que le valió a Stendhal su característico estilo literario, preciso, sin alharacas, congelando a propósito la pluma presta a decorar: "hago todos los esfuerzos por ser seco". Dice Zweig en su biografía que Stendhal no buscaba con ello la aridez de palabras, sino pasar desapercibido en la descripción. "El estilo debe ser como un barniz transparente: no debe alterar los colores ni los hechos o pensamientos sobre los que se aplica."

La palabra no debe contaminarse con las coloraturas artísticas, sino desaparecer tras el objeto, pasar inadvertida como el traje cortado a medida de un gentleman, y ser capaz de expresar tan sólo, con exactitud clara, los desplazamientos del alma.

Stendhal quiere la claridad y la verdad aún en el sentimiento mas confuso; iluminar hasta el fondo los laberintos del corazón. Sólo quien sabe sondear con claridad sus propias profundidades, puede disfrutarlas con autenticidad; sólo quien observa su confusión, conoce la belleza del propio sentimiento.

Zweig disecciona con habilidad de cirujano la compleja personalidad del escritor. Leyendo el párrafo en que lo imagina pluma en mano, partido, como siempre, su espíritu en dos mitades, mitad Henry Beyle mitad Stendhal, limando florituras sin consideración, me viene a la mente otro grande de las letras: Juan Ramón Jiménez. Estoy segura de que el francés abrazaría gozoso a nuestro poeta al oirle clamar su célebre frase : la transparencia, señor, la transparencia.

jueves, 4 de junio de 2009

Nada en particular, y un Angel


Hoy no voy a escribir de nada que verse sobre un asunto concreto, un tema, una vicisitud (bonita palabra que siempre me ha parecido nombre de mujer).
Estoy sentada en el sofá, con las piernas estiradas sobre la mesa y el ordenador sobre ellas, estoy cansada y tengo calor. Es tarde; una noche mas que no hago caso a mis propósitos de enmienda y me voy a la cama a las mil y gallo. Las ojeras me pasarán factura con IVA, cada año son mas crueles y les importa un bledo los cambios de gobierno. Casi como a mí, visto lo visto.
Tengo esa rara serenidad que acompaña y sigue a la mas absoluta preocupacion. Desde temprana hora no paro de reflexionar en lo puñetero que es el pensamiento o, para no implicar al resto de mi raza, que a fin de cuentas yo soy responsable de lo mío, de lo puñetero que es mi pensamiento. Nuevo propósito de enmienda para la mochila. Juro cambiar.
Juro pensar mas a menudo en ese Angel de la Guarda que nos acompañaba de pequeños y que me ha hecho recordar hace unos minutos el hijo de J.M. Ridao.
Quizás si volviese a canturrear entre las sábanas aquel lindísimo "cuatro esquinitas tiene mi cama, cuatro angelitos que me acompañan".
Quizás si en mis desvelos de madrugada recitara, como una sura: Angel de la guarda, dulce compañía, no me dejes sóla ni de noche ni de día. Si me dejas sóla, yo me perdería.
Pero no sólo pienso en ángeles, claro que no. Mañana como con un antiguo pretendiente que me juró amor eterno y que ahora tiene mellizos, y no sé qué ponerme. Para ésto no necesito cohortes celestiales, sino un poco de sentido común, que no se trata de ligar ni nada parecido. Me preguntará por el trabajo y no quisiera hablarle de esta semanita gloriosa, que es mi cocktail explosivo. Me preguntará qué voy a hacer este verano y responderé que volveremos a coincidir unos dias en el campo. Nunca nos perdimos el rastro veraneando en el mismo sitio desde niños. Y me volverá a decir que su mujer ya no es celosa, y yo me callaré que no me lo creo ni loca. Qué curioso, un pretendiente al que nunca besé ni besaré probablemente, y yo pensando en qué me pongo mañana. Las mujeres somos así de idiotas. Estoy segura de que él ni se plantea qué corbata le irá a juego con el traje (dicho sea de paso, no tiene buen gusto).
He de decidir otras cosas mucho mas trascendentes en esta semana, y yo subiendo por los cerros de Úbeda. Tengo la ligera impresión de que mi Angel anda detrás de todo ésto...dulce compañía. Pues bendito seas, si eres.
Buenas noches

domingo, 31 de mayo de 2009

...Y yo me lo como

Receta para un cocktail explosivo y un trozo de tarta.


Se coge una semana y se la parte en dos.
Con el primer trozo hacemos una mezcla de varias reuniones inconexas entre la Administración y alguna oficina privada. Nótese que en todas ellas los lugares son distintos y las personas también y, aún así, los elementos quedan conjugados en una perfectísima imbricación.

Una vez comprobado que todos estos elementos tan discordantes en origen forman una masa uniforme de sinvergüenzas, prosigamos con el arte culinario.

En las horas libres vaya y venga como un zascandil y asómbrese de que las obras iniciadas cinco meses atrás no acaban de asentarse. No se encuentra la lógica de ello, pero asúmalo y prosiga con los ingredientes anteriormente citados, ya que la masa de sinvergüenzas sigue tomando cuerpo con levadura propia. Vea que el horno parece apagado y cómo ellos se autoalimentan y engordan y engordan en progresión geométrica. Es increíble.

Vuelva a reunirse con una empresa cántabra para intentar darle otra forma al pastel que anda cuajando a su antojo. Pruebe una cucharada y note que el regustillo le recuerda un mucho a la masa anterior, aunque no se conocen. Sospeche que sí se conocen o que fueron criados con la misma leche.

Importante: no pierda de vista de qué manera su propia mala leche va en aumento, pero apártela.


Con la segunda parte de la semana, prepare una copa bien larga con hielo y ascuas a partes iguales. Añada un chorrito de limpieza y cambio de armarios, agujetas, mal estómago y pensamienos reiterativos hacia la primera parte de la semana.
Entre medias, reciba varias llamadas simplonas y conteste como si fueran de vital importancia. En este punto no olvide seguir guardando la mala leche que parece querer desbordarse dentro de sí. Intente olvidar la masa de sinvergüenzas que ha quedado en suspense hasta el lunes. Lo que no pueda olvidar, échelo a la cubitera de hielo a ver si cuela. Es probable que no cuele, así que proceda a verterlo en la cocktelera de modo que la mezcla de ingredientes disimule su mal sabor.

Agítese con fuerza ciclópea todo-todo-todo, de lado, boca arriba, boca abajo y después échese la siesta para paliar la jaqueca que le producen los vapores de la receta. Tenga paciencia y deje actuar al tiempo.

Amigos, este cocktail me lo quedo para mí solita. Comprenderéis que no deba invitar a nadie.

viernes, 29 de mayo de 2009

Compartir una alondra

Hace pocos días hablé de las "Cuatro últimas canciones" de Richard Strauss, copiando en castellano alguno de los bellísimos poemas de Hermann Hesse que ponían letra a las Lieder.
Pero no me quedaba conforme al no incluir el vídeo de esta tercera entrega, titulada "Al acostarse". Lo escucho una y otra vez y me dejo seducir por la voz de la soprano, que calla en el minuto 1´54 para que hable el violín, como una alondra en vuelo sereno.

Deseo que disfrutéis de ella.