miércoles, 1 de julio de 2009

Casas


Como casi todas las tardes, he ído hoy también a la casa de mis padres, ahora que ellos no están (cada uno por un motivo).

Abro la verja y me asomo al jardín solitario, sabiendo que nada habrá cambiado de ayer a hoy. El cerezo que planté cuando mi padre aún vivía prosigue su camino hacia los cielos, creciendo fuerte aunque sus raíces se asientan sobre escombros. Un milagrito de la naturaleza.

Entro en casa y merodeo por cada habitación antaño llenas de vidas de todas las edades. Allí hemos llegado a cohabitar diez personas, a veces once o doce, aunque esa cifra no soy consciente de haberla compartido. Imagino que por algún rincón, o bajo los armarios, se esconde la voz de una tía abuela, menudita de cuerpo como una nena de ocho años. Cuando ella tenía ochenta y yo cinco, me hacía sentarme a su lado sobre un baúl y me decía que íbamos en un tren, rumbo a su pueblo. Ella lo creía de verdad y para mí era un juego.

Me siento en el sillón de mi madre junto al balcón y la llamo por teléfono, para decirle que por aquí todo anda bien, hasta los recuerdos están en su sitio, pero ésto me lo callo, no sea que me crea triste cuando no lo estoy.

Huelo sin intención de hacerlo, porque cada hogar tiene su propio aroma y resulta que éste me va a acompañar toda mi vida. No me asusta el crujir de la escalera de madera, ni la corriente de alguna ventana semiabierta: es mi casa. Aunque habite otras y las haga mías a golpe de amor y de lágrimas, ésta será mi casa siempre, o, al menos, hasta que lance su último aliento el último de los habitantes que abrazó entre sus cuatro paredes.

17 comentarios:

Juan Antonio Glez. Romano dijo...

La melancolía, qué grandes textos nos hace crear.
Precioso, Mery. Un beso.

Javier Sánchez Menéndez dijo...

Lo que más me ha gustado ha sido el olor, las descripciones que el olor produce.

Para mí, un recuerdo, es inseparable a un olor.

Un fuerte abrazo.

Madame X dijo...

Tu casa, la tengo grabada en la retina. El laurel que llega al cielo y el lilo cuajado en primavera... Una muralla verde y aromática que la aísla del asfalto y del cemento como si no fuera con ella el barrio ni el vecindario. Anacrónica y bella, una isla en mitad de la urbe. Y es verdad que es tu casa por que no la has abandonado nunca, llevas en ella toda la vida, aunque luego te hayas ido a vivir a otra. Incluso yo, cuando pienso en tu casa, en primer lugar, imagino la casa de tus padres.

Siempre te lo he dicho, Mery, escribes y describes como los ángeles. Y consigues eso tan difícil: emocionar.

Un beso.

Parsimonia dijo...

Tu entrada está muy vinculada a los momentos que ahora siento yo.
He vuelto a la casa de mis padres, pero sin ellos y con menos olores por la enorme reforma.
Se mantiene, sin embargo, el garage repleto de basurilla y trastos, juguetes y libros polvorientos de inglés de mi madre que pretendo rescatar antes de que mi hermano lo tire todo a una cuba, según deseo explícito.
Las sombras de luces, los colores y aromas... alguna brisa que entra por una rendija, el eco de las risas.
Besos, Mery.

Parsimonia dijo...

Me salió "garage" en inglés también ¿en qué pensaría? Sí, garaje. Ay, esta profe... :P

Manuel Amaro dijo...

Perfecta la descripción.
Sencilla pero perfecta, como debe ser.
Un abrazo!!!

José Miguel Ridao dijo...

Entrañable entrada, Mery. Has conseguido que entremos contigo en tu casa. Enhorabuena.

pe-jota dijo...

Vidas y recuerdos enlazados y unidos a rincones capaces de transportarnos e el tiempo y revivir lo vivido o lo que creemos haber vivido.

Maru dijo...

Esverdad, las casas donde pasamos nuestra infancia, queda con nuestros olores, a veces también con nuestros susurros y murmullos.

besitos

Max dijo...

La casa donde creciste, donde moldeaste tu niñez, donde grabaste tu persona en la corteza de aquél árbol del jardín. Esa será siempre tu casa, porque sus propios cimientos pesan sobre la espalda toda la vida.

Mery, es un placer inmenso robazle al dia (o a la noche) un ratito para disfrutar entre tus palabras.

Un beso, guapa.

Olga B. dijo...

Será tu casa mientras puedas recordar, mientras vuelvas de vez en cuando a esa patria imposible que es la infancia, de la que alguna vez tuvimos prisa por salir.
Nos has abierto un poco las puertas de tu casa.
Gracias.

Sombras Chinescas dijo...

Los recuerdos y los amigos de la niñez estan dotados de esa intensidad extra que sólo puede aportar la inocencia.

Saludos.

enrique dijo...

En el prólogo de su magna biografía sobre Antonio Pérez, el doctor Marañón habla de "la nostalgia de la nostalgia" y dice que es la más fina y la más noble, la que nunca se quisiera acabar.
En tu "hogar", Mery, te instalas en ese tipo de nostalgia.
Hermosa evocación, pues.
Besos.

Miroslav Panciutti dijo...

Muy emotivo. Yo, lamentablemente, no puedo volver a la casa que fue la de mi infancia (se vendió hace veinte años). El otro día, sin embargo, curioseando en la página de Google que ofrece fotos a escala de calle, "paseé" por delante de esa que fue mi casa y no pude evitar una breve punzada de melancolía.

ONDA dijo...

Nunca se me ira de la cabeza, la casa de nuestros padres: creo que es algo inevitable afortunadamente.

Para nosotros para bien, pero quizá para algunos para mal, los que tuvieron una infancia desafortunada.

Yo recuerdo las paredes blancas llenas de cuadros, y alguno de los cuales hoy afortunadamente puedo contemplar y me trasladan a su anterior hogar.

Un abrazo

alex c dijo...

esos sentimientos brotan y afloran al sentirse unso solo.

muy buen blog, te felicito

Mery dijo...

Queridos visitantes y amigos: perdonadme que no os responda particularmente, pues un viaje repentino me ha hecho quedarme retrasada en todo. He leído vuestros comentarios y me enternecen uno a uno, sabiendo que estas evocaciones son capaces de provocar las vuestras.
Gracias a todos: Javier, Juan Antonio, Parsimonia, Olga, Madame, José Miguel, Miroslav, Enrique, Sombras, Alex, Max, Onda, Maru, Pe-Jota, Manuel...
Algunos sois nuevos por aquí, otros hacía tiempo que no os veía. A todos os debo visita atrasada (perdonadme si voy lenta en las lecturas).
Gracias de corazón.
Un fuerte abrazo