
lunes 16 de noviembre de 2009
Este abandono mío

lunes 9 de noviembre de 2009
El Café Colgado

viernes 6 de noviembre de 2009
Otoños
lunes 26 de octubre de 2009
No estar

jueves 22 de octubre de 2009
Cantidad y calidad

miércoles 14 de octubre de 2009
El caos y el órden

viernes 9 de octubre de 2009
Hoy tengo un sueño

martes 6 de octubre de 2009
Furtivas

sábado 3 de octubre de 2009
Podría hablar

Podría hablar del aperitivo en una terraza con J y del libro que me regaló (fruta a la que exprimiré todo el jugo que pueda - al libro, digo, no a J-). A J no se le puede exprimir, es ave de vuelos imprevisibles.
Podría hablar del par de horas que charlé con F en una tarde que amenazaba lluvia, frente a un par de coca colas, aunque hubiéramos preferido un té de cosecha temprana. La conversación giraba en torno al ego y en desaprender lo aprendido, lo que podría ser la felicidad para unos y para otros. Apenas una hora después yo le estaba diciendo a un familiar: mi máximo afán, ahora, es ver a mi madre feliz. Y comprobé lo que F y yo acabábamos de concluir: que todos somos egoístas a la hora de buscar nuestra felicidad.
Podría hablar de que sueño a menudo con mi padre; estoy llegando a la conclusión de que traerlo a mis sueños es la mejor manera que encuentro de volverlo a ver, porque habla y se mueve, y es mucho mas real así que cien veces que mire su foto.
Podría hablar de lo que pienso y me callo, de lo que hablo de mas y no pienso. Quizás todos los afanes humanos versan incansablemente sobre lo mismo y hoy podría hablar sobre ello, pero es que me entra una pereza...
miércoles 30 de septiembre de 2009
Discreto, siempre, el poeta
domingo 27 de septiembre de 2009
Usos y disfrutes de la Benemérita

martes 22 de septiembre de 2009
Alguna secuela de Pla
Alguien le pregunta si el libro que tiene entre manos es de Paul Bourget, casi lectura exclusiva entre los veraneantes de aquellos días y él, que rehuía parecer un pedante, contesta que si. En silencio medita sus lecturas y llega a la conclusión de que Rierola, "en vez de escribir, vocifera, grita, lanza anatemas. Es mas cómodo. Para gritar no se necesita hacer ningún esfuerzo. Gritar no es nada.../.../
El drama literario es siempre el mismo: es mucho mas difícil describir que opinar. Infinitamente más. En vista de lo cual todo el mundo opina. "
¿No intuía yo en mi anterior entrada que este bendito Pla me íba a traer consecuencias? Helo aquí.
jueves 10 de septiembre de 2009
El cuaderno gris, un cuaderno de oro
Me esperaba desde hace un año, humilde y sereno, como sólo saben ser las almas nobles, en un estante de mi librería.
Avanzo por El cuaderno gris con los cinco sentidos en estado puro, ineluctablemente vírgenes. Sospecho que sus páginas van a dejar en mí hondas huellas. Quizás también dejen sus marcas en este blog.
jueves 3 de septiembre de 2009
La última ola
En el instante en que bese la playa la última ola de todos los océanos, comenzará la cuenta atrás de los días que falten para el fin del mundo.
Podría ser la frase que diera comienzo a una novela. Lo difícil, como siempre, hallar el argumento de la misma, porque, con esta premisa, cualquier meollo es factible.
Una chica está en la playa, sobre la arena, en esos minutos que anteceden al sueño profundo que arrulla el mar. Atrás ha dejado un año trabajoso y no desea pensar en nada, salvo lo que el alma quiera, y ahora le ha dado por imaginar qué ocurriría si, de pronto, dejaran de sonar las olas.
¿Qué sucedería a su alrededor cuando el primer ser humano se percatara de la quietud de las aguas? ¿Cuánto tardarían en notar que no es un efecto pasajero, sino un hecho real, sin vuelta atrás? Como la pólvora, se extendería el temor por la playa, por todas las playas del mundo, en cada faro y cada puerto, en cada comandancia de marina y en todas las cofradías de pescadores. En alta mar los veleros arrancarían sus motores al cesar el viento, pero quizás serían los ultimos en enterarse de la tragedia.
Desde las costas, la noticia volaría al interior de los continentes. Los científicos del mundo entero se echarían las manos a la cabeza y el ciudadano de a pié discutiría si la culpa ha sido del efecto invernadero o de la carrera espacial. A Sarkozy lo veríamos tomar vela en este entierro saliendo en todas las cadenas de televisión, con Angela Merkel al lado, o detrás suyo, ambos serios y circunspectos. La Bruni compondría un tema con su guitarra en una sala del Palacio del Eliseo. ¿Hay ciudad mas bella para morir? Posiblemente no y por eso Carla tiene que agarrar la inspiración al vuelo y cantar en un dulce francés las palabras del cataclismo.
La chica de la playa se ha desperezado momentaneamente, inquieta por el devenir de su loca imaginación. El sentido común le dice que si se pone boca abajo la modorra volverá a apoderarse de ella, y se deja acariciar la espalda por el sol y la brisa del atardecer. Complacida comprueba que las olas siguen obedientes, acariciando también suaves la arena con su ritmo lento y desigual. La vida continúa, no hay fin del mundo a la vista, ¡ay!
Antes de sumergirse en los sueños poderosos, esos que viajan ajenos a nuestra voluntad, se promete a sí misma buscar mas tarde otros argumentos para ese libro. Nada de ciencia ficción; quizás una simple novela de costumbres, donde el amor y la muerte, que a veces se quieren tanto, vayan también de la mano de un mar que aún no ha entregado su última ola.
domingo 2 de agosto de 2009
Tchaikovsky en un pueblecito
viernes 31 de julio de 2009
Cuando llega agosto

martes 28 de julio de 2009
De orfidales y otros remedios

Voy arrastrando una encruzijada personal mezclada con laboral (pues ambas son inseparables de hecho) y, dada mi forma de ser, también las mezclaría aunque no tuvieran absolutamente nada que ver. Qué asco de forma de ser, tan bien compartimentada y tan bien comunicada entre sí. Con lo mal ingeniero de de telecomunicaciones que yo sería y, sin embargo, qué bien me las he apañado para crearme unas conexiones dignas del Pentágono.
Amigas mías me recomendaron muy seguras "toma Orfidal". Y yo fuí muy inocentemente a comprarlo a la farmacia. ¡Ja! Si no hay receta, no hay Orfidal. Y yo no quiero ir al médico para un trastorno pasajero. Hace unos días, una farmacéutica de pueblo me regaló cinco pastillitas de tan milagroso brebaje para que hiciera la prueba, pero las he perdido entre los papeles -tan poco abultaban las benditas- así que estoy pasando mi vía dolorosa a pelo, como hacen los machotes.
R. dice que haber perdido el Orfidal es señal de que no me convenía tomarlo, ni siquiera probarlo.
Pues vale. Yo, por si acaso, he decidido sustituirlo por una copa de vino antes de acostarme. Y tan ricamente que he dormido esta noche siete horas de un tirón. Viva el crianza del año 2002 con el que inicié anoche esta báquica ruta hacia Morfeo.
martes 14 de julio de 2009
La sabionda sin pies
