lunes 8 de febrero de 2010

Lo dijo Molière


La gran ambición de las mujeres es inspirar amor.

¿Aforismo o axioma? Buena frase en herencia nos dejó Molière para iniciar una animada conversación cuando nos encontremos en una reunión languideciente. Puede ser frívola y chispeante, también sesuda y antropológica, todo depende de lo que queramos y de con quién compartamos unas copas y nuestro tiempo.

Las mujeres somos coquetas, así nos han parido nuestras madres, que nos parieron precisamente por coquetear hasta el extremo nueve meses antes.

Un altísimo porcentaje de lo que rodea al mundo femenino va encaminado a esos menesteres de atracción, y si no, basta asomarse al directorio de El Corte Inglés: salvo la 2ª planta -Caballeros - el resto incita al consumo de las mujeres. Hasta la cafetería está llena de ellas, de nosotras, y si alguien que lea esta página se pregunta qué tendrá que ver eso con la seducción, yo le respondo que somos golosas y tragonas para encontrarnos estupendas después , cuando volamos a lo brazos del amado. Las endorfinas tienen mucho que ver en ello , aunque estemos a eterno régimen y sólo nos hayamos tomado un té a palo seco. Suficiente para ponernos de buen humor.

Ahora bien, que las mujeres anhelemos inspirar amor puede confundirse con inspirar deseo. Es posible, pero no a cualquier precio.

miércoles 3 de febrero de 2010

Gente como Tatiana


Tatiana trabaja a todas horas. Creo que es búlgara.

Por las mañanas y por las tardes, en una pastelería y, entre medias, sirve comidas y cenas en el restaurante de enfrente. Con estos horarios no hay resquicio por el que pasar un momento por su casa, según he calculado.
Primero la conocí desayunando en la pastelería-cafetería, donde ella despachaba a los clientes con una sonrisa permanente y sus ojos azules ajenos al cansancio. En días sucesivos, ya fuera a última hora de la tarde, sus facciones permanecían intactas y animosas, siempre presta a una charla sobre el tiempo o sobre las calorías de sus milhojas.

Y el domingo pasado, a mediodía, Tatiana me servía una comida pantagruélica en el restaurante mas concurrido de la zona. Como la miré sorprendida, ella me dijo: "si, ya ves que también trabajo aquí". Yo le respondí como un espejo, nuestras dos caras sonrientes: "claro, hay que aprovechar los días de mas trabajo" (por darle ánimos, pues en realidad sentí una infinita pena por su falta de descanso). Ella continuó repartiendo alegrías por todo el comedor, parándose a hablar con nosotros cuando podía, felíz porque los fines de semana el restaurante se llena hasta los topes y ella no para de subir y bajar escaleras, de la cocina a la mesa 10, de la mesa 6 a cobrar a la caja...
Todo el peso del mundo me cayó encima de los hombros mientras la observaba, suponiendo un agotamiento que ella parecía no sentir.
Cuando llegó la hora del postre, ofreció a los comensales un strudel de manzana y canela, receta de su tierra, que ella misma prepara en la cocina de la pastelería "cuando no entran clientes".

Al pagar la cuenta, se acercó el dueño a preguntarnos si habíamos quedado satisfechos y yo le felicité sin dudarlo por la joya de Tatiana.
También felicité a Dios porque haya gente como ella, que, en domingo, nos muestra sus dientes balcánicos a todos cuantos nos quejamos de que estamos pal arrastre de lunes a viernes.



jueves 28 de enero de 2010

Nada tan melancólico, dixit


Nada, excepto una batalla perdida, puede resultar tan melancólico como una batalla ganada. Duque de Wellington dixit.
Esa tristeza agridulce que resulta ser la melancolía creo que sólo puede ser propia de los humanos, aunque siempre me cabrá la duda sobre el resto del reino animal. Pero no voy a ello ahora, sino a la verdad que encierra la frase de Wellington.
Por las noches, cuando desvelada medito mi vida y mis actos, los logros y los fracasos de mis pequeñeces cotidianas, las tribulaciones de lo que me espera mañana o todo el mes por venir, suelo nadar entre dos orillas muy distantes, sin lograr discernir por qué ahora elijo ésta y no la contraria. Y lo peregrino de mis pensamientos es la manera en cómo caigo melancólica a masticar una batalla ganada. El orgullo inicial y mi autocomplacencia por haber batido al enemigo (entiéndase cualquier avatar laboral) se trastoca facilmente en una tristeza serena, pero tan clara, que me recuerda que nuestra existencia está hecha de escaramuzas personales. Que yo no deseo escaramuzas ni guerrillas tribales, y que batirme con otro de mi especie tan sólo me convence de que estamos llenos de miserias.
No señor, no. No me compensan vanidades cuando después me duelen estas melancolías de las batallas de Wellington. Verbigracia.

martes 19 de enero de 2010

Hemiplejia moral


Cuando Ortega y Gasset publicó "La rebelión de las masas", allá por el año 30 del pasado siglo, surgieron todo tipo de interpretaciones y malinterpretaciones. La mayoría de sus contemporáneos querían ver en su obra un fuerte trasfondo político y le atizaban con sus lenguas viperinas y con las banderas de todos los colores.

Ortega ya estaba habituado a esas mentes irracionales e injustas que tienden a politizar y demonizar todo pensamiento que se sale del común denominador. Con infinita paciencia, propia del sabio que era, alegaba que su obra era un estudio de la sociedad, del ser humano dentro de la sociedad y el tiempo en que le toca vivir, del momento económico, de las tendencias del grupo humano dentro de su país, de la significación del Arte...

Esfuerzo inútil en muchos casos. Un día, irritado ante la ofuscación política que le atosigaba, dicen que sentenció: "ser de las izquierdas o de las derechas es uno de los infintos caminos que puede elegir un hombre para ser imbécil. Es, a todas luces, una hemiplejia moral".

¡ Hemiplejia moral !
¡Qué dos palabras para la eternidad!


jueves 7 de enero de 2010

La Felicidad Interior Bruta


En poco tiempo han llegado a mis manos varios artículos y referencias sobre algo desconocido para mí hasta ahora: el concepto de FIB ( Felicidad Interior Bruta). Hace treinta años que el rey de un pequeño estado llamado Bhután, en el Himalaya, decidió contemplar el bienestar de sus ciudadanos conforme a la espiritualidad de los mismos. Siendo una región donde se respira el budismo por los cuatro costados, no es de extrañar, por otro lado.
En esta última década de gloria material en occidente, si salvamos esta crisis que arrancó en el 2007, parece que algunas cabezas pensantes y meditadoras han querido recuperar la idea feliz del rey himalayo.

Este nuevo índice medidor del bienestar de la sociedad tiene de sorprendente que no se basa en la economía individual o colectiva; no toma en cuenta los ahorros bancarios, las inversiones, los automóviles que poseen los miembros de una familia, los viajes ni el dinero que un ejecutivo de grado medio emplea en sus ratos de ocio. La FIB tiene nada que ver con todo ello y mucho que ver con el tiempo que dedicamos a nuestra familia, el cuidado y relación con el medio ambiente, la Cultura con mayúsculas, la salud psicológica del individuo, igual de importante que la física. Resulta que la FIB de un Estado no se ajunta con el PIB, gracias a Dios.

Son muchas las variantes que intervienen en esta felicidad, a todas luces subjetiva y particular, pues cada persona tiene sus propias preferencias, sus miedos, sus ilusiones. Sin embargo hay unos denominadores comunes innegables: todos buscamos la tranquilidad de conciencia que mas nos aproxima a la felicidad, y ello no nos llega con siete relojes, cuatro coches o varios collares de perlas australianas. Mis muñecas repletas de brazaletes de oro jamás temblarían con la misma emoción de una caricia a mi anciana madre, y mis orejas son infinitamente mas dichosas escuchando a Debussy que con unos pendientes de brillantes colgando de ellas.

He observado que muchos adultos, cuando nos preguntan por un momento felíz, respondemos sin dudar con recuerdos de la infancia: el olor de las galletas del desayuno, el olivo del jardín de la casa familiar, la musiquilla de la radio en la cocina, mientras alquien cocinaba para nosotros, y a nosotros no nos importaba el qué, sino quién. Cualquier nimio detalle que haga saltar el resorte de nuestra infancia nos transporta casi al éxtasis.

Llegados a este punto me siento tentada de hacer una lista con mis índices de FIB y resaltarlos en negrita y subrayado, repasarlos cuando me sienta decaída, aumentarlos quizás con nuevos descubrimientos. Quién sabe, si a todos nos diera por hacerlo al unísono, en este nuevo año que empieza..., quizás lográramos crear una sociedad mas felíz.



miércoles 23 de diciembre de 2009

Pillado in fraganti


He pillado a Papá Noel en un renuncio y no me ha puesto mala cara, ni se ha hecho el despistado, ni ha escurrido el bulto.
Es mas, cuando vió que sacaba la cámara de fotos para inmortalizarlo en mi blog, dióse media vuelta y ofrecióme sus ojos azules sin edad. No quiso dejar, yo creo, constancia de su trasero curvado por el peso de los regalos.
A partir de ahora voy por la calle como una reportera de tv , a ver si pillo también a los Reyes Magos, porque yo, fiel a mi generación, soy mas de estos señores de Oriente.

lunes 16 de noviembre de 2009

Este abandono mío


Este abandono mío no es dejadez ni olvido, querido blog creado al amor de la palabra.
Este no abrir tu puerta al aire puro de otoño y la persiana bajada a la luz divina del alba. Este no atender a las visitas como se merecen mientras miro con melancolía sus huellas por el camino de entrada.
Este abrir la cancela de tu jardín azul y no traspasar los umbrales porque el miedo a quedarme muda paraliza mis pies y mi corazón.
Miro mis manos que sufren de inanición y están quietas.
Querido blog, este abandono mío no es dejadez ni olvido, ni hastío ni pereza. Es la vida, que se me impone.

lunes 9 de noviembre de 2009

El Café Colgado


Hay en Praga un pequeño y céntrico local llamado "El Café Colgado" o "U zavesenyho Kafe". Me entero por J.J Armas Marcelo de que está en plena calle de Jan Neruda, la misma que subí y bajé incansable hace unos pocos veranos sin saber que allí se encontraba este curioso establecimiento. Puede incluso que entrara en él y que, desconociendo el idioma, me fuera imposible apreciar el intercambio de caridades que guardaban sus paredes.
Parece ser que lo frecuente es tomar un café y pagar dos, es decir, dejar "uno colgado" para que lo disfrute quien no disponga de dinero y desee entrar en calor durante esos largos inviernos de Praga. El hecho me ha dejado pensativa en muchos aspectos. Qué bonito y barato gesto de caridad: una taza de café calentando la garganta de, quizás, un poeta, una mujer solitaria, un jóven sin un primer trabajo.
Si yo viviera en Praga, si me fuera concedido un mes sabático de enero, a veinte grados bajo cero, iría de mañana a tomar un té y dejaría pagado otro. Esperaría el tiempo que fuera preciso para ver el aspecto del parroquiano junto a la barra: ¿hay algún café colgado?
Mirándolo intentaría averiguar si es, como imagino, un poeta sin editor, o una mujer desparejada, un jóven sin oficio o un simple caradura, que también los habrá.
Hay que ver lo díscola que se vuelve la imaginación cuando una lee tres cosillas en el periódico.

viernes 6 de noviembre de 2009

Otoños


La Naturaleza siempre es bella, sea cual sea la estación del año en que nos encontremos.
Así venga cargada de veneno, como esta cesta de amanitas muscarias, la Naturaleza es generosa en beldades cuando llega el otoño.
Lo que no entiendo es por qué no se comporta igual con el ser humano, que al llegar al otoño de su vida comienza a perder lozanía, guapura y frescura.
En este punto no hubo acuerdo durante el Génesis, imagino.

lunes 26 de octubre de 2009

No estar


¿No les ha pasado a ustedes estar en un lugar y tener en mente que deberían estar a la vez en otro distinto?
¿Y no sólo en ese otro lugar, sino en tres o cuatro mas , con la misma necesidad imperiosa, bien por querencia propia o porque alguien así se lo requiere?
Una suerte de trilocación o infinitilocación imposible...
Y, cuando eso les ocurre ¿no anhelan, vehementemente, no estar?

jueves 22 de octubre de 2009

Cantidad y calidad


A veces una se encuentra reflexionando inconscientemente sobre pequeñas cosas de su vida, que luego resultan no ser despreciables en absoluto.
En uno de estos pensamientos al vuelo me he hallado cavilando sobre los afectos y querencias que tenemos a determinados objetos y gentes de nuestro entorno. Cuando era niña tenía un apego absoluto a "mi lápiz, mi reloj verde, mi pañuelo, mi madre, mi padre, mi hermana R., mi abuelo, mi amiga E., mi perra ..." Es decir, tenía un sólo elemento en cada compartimento al que adorar y cuidar y aquellas sensaciones me parecen ahora fantásticas.

Con la juventud, el abanico se hizo mas y mas amplio; florecieron amigos, relojes, las hermanas mayores que antes estaban fuera de mis juegos y mi mundo. El pañuelo de tela de flores que mi madre guardaba en mi manga para limpiarme los mocos quedó desterrado y sustituído por kleenex con olor a menta que ya no limpiaban mocos, sino exceso de colorete. Mi abuelo murió y mi perra Lita dejó paso a una larga lista de mascotas.
Con la juventud empecé a desear muchas mas cosas y mas gentes, en progresión geométrica, creyendo que tanto abuso era necesario. Pero no lo era, sólo significaba una expansión atolondrada y una búsqueda de lo desconocido. Tanta querencia repartida no podría ser muy profunda.

Con la madurez, vuelvo poco a poco a simplificar mi vida, consciente de que algunas abundancias traen mas quebrderos de cabeza que otra cosa, y sueño con desprenderme de incómodos lastres. Quisiera volver a tener mi reloj, mi boli, mi pañuelo, mis gafas de sol...Pocas pertenencias y muy amadas.
Eso, en cuanto a objetos inanimados, que de los que tienen alma, tengo muy claro que quiero a cierta gente y que la quiero mucho.



miércoles 14 de octubre de 2009

El caos y el órden


Cuando llevaba mas de un cuarto de hora acomodada en su asiento del avión aún seguía repitiéndose para sí: 14 E y 14 F. Ya no le hacía falta recordar sus plazas asignadas pero no podía evitar que esas cinco palabras brotaran en medio de sus pensamientos, sin aviso ni deseo.
Miró hacia el techo y vió que en todas las filas, delante de ella, se repetían las mismas letras: D E F. Y a la izquierda del pasillo: A B C. Sin variación ni error, ordenaditas como buenas niñas. Miró obstinada por si alguna fila se hubiera sublevado y se leyera E D F. Nada, rigor absoluto de la fila catorce en adelante; era de suponer que detrás sucedería lo mismo. Una lástima.
Miró la perfecta alineación de las señales en las puertas de emergencia, los luminosos de abróchense los cinturones apagados en el mismo instante, las medidas exactas del carrito que arrastraría después el azafato pasillo arriba y pasillo abajo.
Por la ventanilla atrás quedaba una pista de aterrizaje iluminada con focos simétricos, guardando entre sí la misma distancia entre uno y otro, y entre el siguiente y el siguiente. La pista hubiera continuado recta hacia el infinito, paralela a la autopista donde los coches hubieran circulado infinitamente sin tocarse con el avión, tan exacto era el cálculo de las distancias.
Y el avión daba leves botes atravesando las nubes, con el justo intervalo de tiempo para contar hasta cuatro y esperar al nuevo bache. Nadie hablaba.
Todo era armónico, perfecto, esperable.
Y, entonces, se preguntaba ¿ a qué este desequilibrio entre el órden del universo y el caos de mi cabeza?

viernes 9 de octubre de 2009

Hoy tengo un sueño


El mismo día leo en el periódico dos noticias distintas en sí mismas, pero conectadas en su esencia mas intimamente de lo que se pueda pensar. Las dos en la sección "Cultura".
Si una engrandece al ser humano por su capacidad creativa, la otra lo ridiculiza por su miserable enanez mental.

1. Los e-books nos permitirán llevar en un minúsculo espacio cientos de libros (Amazon aterriza en España con su Kindle ad hoc). Podremos llevar en el bolsillo escritores de todas las épocas, hermanados en la pequeña pantalla por los lazos mas sublimes que alguien pueda anhelar.

2. En Sevilla, Izquierda Unida impide el "Homenaje literario a Agustín de Foxá en el 50 aniversario de su muerte". Las causas de la censura fueron que podía convertirse en un acto de apología del franquismo (!!) y por respeto a la memoria histórica (!!). Antonio Rivero Taravillo y Aquilino Duque reinventaron el acto bajo las estrellas y la jacarandá, es decir, al aire libre.

La casualidad ( a veces no me la creo como tal) me trae a las manos un discurso de otra época, otra situación, otro país y otras gentes, pero oigan ustedes: ¿por qué será que no se habla de lo mismo, pero sí se refiere a lo mismo?

"Yo tengo un sueño...
Suene la libertad. Y cuando esto ocurra y cuando permitamos que la libertad suene, cuando la dejemos sonar desde cada pueblo y cada aldea, desde cada estado y cada ciudad, podremos acelerar la llegada de aquel día en el que todos los hijos de Dios, hombres blancos y hombres negros, judíos y gentiles, protestantes y católicos, serán capaces de juntar las manos y cantar con las palabras del viejo espiritual negro: “¡Al fin libres! ¡Al fin libres! ¡Gracias a Dios Todopoderoso, somos al fin libres!”

Fin del discurso de M. Luther King Jr. (agosto de 1963)

martes 6 de octubre de 2009

Furtivas


Lo de hoy es una confesión, un mea culpa: estoy observando que de un tiempo a esta parte cometo hurtos a discreción. Robo flores, por ejemplo.
Robo hortensias de los jardines comunitarios, cuando son grandes y frondosas, las seco boca abajo en la oscuridad de un armario y después las coloco en un jarrón de casa. Espío instintivamente los parques y los asalto de noche, como un vulgar ladronzuelo, armada con tijeras de cocina por si el tallo se me resiste. Me culpo de haber asaltado incluso el jardín de mi comunidad y haber arrancado a cuajo cuatro cogollos floridos.
Ahí no queda todo, no señor. El fin de semana pasado estuve en el pueblo de mi madre, paseando cada tarde al caer el sol, contemplando maravillada la recolección propia de la temporada: todo el campo está ahora en afanosa cosecha de tubérculos, de hortalizas, y ese oleaje de tierra removida me deja embriagada. No puede ser que tanta belleza despierte en mí las ganas de apropiarme de lo ajeno. Pero sí. Cuando ya casi se ha puesto el sol del todo y los hombres y mujeres del campo abandonan sus huertas, dejan una estela descuidada acá y allá, como al tuntún, y ese desbaratamiento me llama poderosamente la atención. Así que ahora también robo patatas; en cada paseo, cuatro o cinco, que meto en mis bolsillos para que no se note mi desvergüenza.
Para las gentes del pueblo podrá ser escandaloso, y pueril; ya quisiera yo explicarles, si me pillaran, que los que somos de ciudad encontramos irresistible tomar estos frutos de la tierra así, de primera mano; olerlos, quitarles la tierra y volverlos a oler. Llegar a casa y comerlos con la satisfacción de la aventura.
De vuelta a casa pisoteo, sin querer, a otras compañeras de profesión, furtivas como yo: varias hileras de hormigas - se podrían contar a miles - arrastran sobre sus cuerpecitos otras miles de pipas de girasol que han descubierto junto al camino, en un montón gigante y negro como la noche.



sábado 3 de octubre de 2009

Podría hablar


Después de haber hablado en mi última entrada de Muñoz Rojas y haber releído en soledad alguno de sus poemas con motivo de su muerte, abro este blog y me encuentro con que no tengo nada que decir, y no sé si echar el cerrojo hasta, quizá, mañana, o poner las manos sobre el teclado y que mis manos decidan por mí..

Podría hablar del aperitivo en una terraza con J y del libro que me regaló (fruta a la que exprimiré todo el jugo que pueda - al libro, digo, no a J-). A J no se le puede exprimir, es ave de vuelos imprevisibles.

Podría hablar del par de horas que charlé con F en una tarde que amenazaba lluvia, frente a un par de coca colas, aunque hubiéramos preferido un té de cosecha temprana. La conversación giraba en torno al ego y en desaprender lo aprendido, lo que podría ser la felicidad para unos y para otros. Apenas una hora después yo le estaba diciendo a un familiar: mi máximo afán, ahora, es ver a mi madre feliz. Y comprobé lo que F y yo acabábamos de concluir: que todos somos egoístas a la hora de buscar nuestra felicidad.

Podría hablar de que sueño a menudo con mi padre; estoy llegando a la conclusión de que traerlo a mis sueños es la mejor manera que encuentro de volverlo a ver, porque habla y se mueve, y es mucho mas real así que cien veces que mire su foto.

Podría hablar de lo que pienso y me callo, de lo que hablo de mas y no pienso. Quizás todos los afanes humanos versan incansablemente sobre lo mismo y hoy podría hablar sobre ello, pero es que me entra una pereza...


miércoles 30 de septiembre de 2009

Discreto, siempre, el poeta


José Antonio Muñoz Rojas, el poeta de Antequera, ha muerto sin hacer ruído, quizás porque sus cien años así lo requerían. Mi descubrimiento de él fué tardío, pero gozoso, y con todo mi respeto quiero rendirle homenaje en esta página dejando uno de sus poemas.
No tiene todo el mar la sal precisa,
ni belleza en la tierra el instrumento,
ni música celeste el movimiento,
ni tales lirios por enero, herriza,
ni hubo temblor en pájaro o en brisa,
ni en río, ni en caballo, ni en acento,
ni en verano o espalda se halló el viento
con una mas sabrosa y menos prisa,
como encerrada tienes, sin saberla,
de la ceja al cabello una ternura
que levanta al arroyo y al collado.
¡Ay, déjame morir de no tenerla,
orillas de la dicha y hermosura,
perdido en tu memoria y olvidado!

domingo 27 de septiembre de 2009

Usos y disfrutes de la Benemérita


Hace pocos días J.M.Ridao nos contaba en su blog una anécdota encantadora de los municipales, en el pueblo donde veranea con su familia. Mi torpeza me impide crear un enlace a su entrada ( un día de éstos he de ponerme a ello sin excusa posible).

Al leerlo recordé a la madre de unas amigas mías, señora de armas tomar, señora que ideaba con cerebro matemático cómo salir de un apuro, embrollo, duda y cualesquiera escollos propios y ajenos que osaran plantársele delante.

La susodicha dama era viajera por vocación íntima y por el trabajo de su marido. Cuando tocaba desplazamiento internacional no sé cómo se las ventilaría, pero si el trasunto íba a suceder por territorio nacional, unos días antes de la partida agarraba la guía telefónica y llamaba... ¡al cuartelillo de la población de destino!
Y ¿qué hacía? Pues ni mas ni menos que un sondeo exhaustivo de cómo ir, dónde comer, los comercios de que disponía el centro urbano, los mejores alojamientos del entorno; de paso, si era tan amable el sargento que le había cogido el teléfono, de recomendarle alguna excursión por los alrededores, los días que hubiera mercado en la zona, si había aparcamientos de fácil acceso o era mejor dejar el coche en algún otro sitio " de esos que ustedes sabrán, debido a su oficio".
Si, dada la temporada, la climatología era propicia para ésto o para lo otro; si, para mayor suerte el interlocutor era piadoso, quizás sabría los horarios de misa las fiestas de guardar....
¡Un cuestionario sin fin!
Por lo que cuentan sus hijas, la madre tuvo suerte toda la vida con sus llamadas al mas puro estilo KGB y ningún funcionario la despachó jamás con cajas destempladas. A veces, cuando lo pienso, me pregunto si formará parte de su entrenamiento en la Academia algún tipo de tortura psicológica de similares características. Cachaza para aguantar un tormento así no se adquiere a la ligera.
Espero que esta mujer, a la que conocí poquísimo, sea dicho de paso, tuviera la deferencia de acudir a los desfiles de las Fuerzas Armadas, cada año, religiosamente, para gritar al paso de la tropilla vestida de verde : ¡ Viva el Benemérito Cuerpo de la Guardia Civil !


martes 22 de septiembre de 2009

Alguna secuela de Pla

El diez de agosto de 1918, Pla leía el Dietari de Francesc Rierola en el pinar del Ferriol. El que escribe un dietario, leyendo otro dietario (carambola de aficiones, pienso).
Alguien le pregunta si el libro que tiene entre manos es de Paul Bourget, casi lectura exclusiva entre los veraneantes de aquellos días y él, que rehuía parecer un pedante, contesta que si. En silencio medita sus lecturas y llega a la conclusión de que Rierola, "en vez de escribir, vocifera, grita, lanza anatemas. Es mas cómodo. Para gritar no se necesita hacer ningún esfuerzo. Gritar no es nada.../.../
El drama literario es siempre el mismo: es mucho mas difícil describir que opinar. Infinitamente más. En vista de lo cual todo el mundo opina. "

¿No intuía yo en mi anterior entrada que este bendito Pla me íba a traer consecuencias? Helo aquí.