viernes, 22 de octubre de 2010

Finale spirituoso o Terpsícore descarriada


Ayer fuí de nuevo a la sala sinfónica del Auditorio de Madrid y de camino íba yo mas contenta que unas pascuas, o que unas castañuelas, por utilizar un símil musical ad hoc.

De primer plato, la Sinfonía 104 "Londres" de Haydn y, de segundo, una poderosa Novena Sinfonía de Beethoven, a cargo de la Orquesta Clásica Santa Cecilia. El director, Kynan Johns (todo un descubrimiento para mí).
Es la segunda vez en cuatro meses que busco la Novena de Beethoven, atraída por ella como un imán.
En esta segunda, para el coro - inmenso en número -, hubo una audición especial de sopranos, mezzos, bajos, tenores, de la que salieron seleccionados unos cien integrantes, y no exagero una pizca. Codo con codo cantaban casi apretados en sus asientos aunque no parecían incómodos con su situación. Quizás el orgullo de la prueba superada entre cientos de aspirantes les hacía sonreir y brincar en cada nota. Kynan Johns les dirigía cantando él también en alemán Freude trinken alle Wesen an den Brüsten der Natur...
La Oda a la Alegría parecía un estallido de fuegos artificiales sin mesura.

Pero no sé, ayer no me emocioné como recuerdo haberlo hecho en el concierto de junio, cuando la Novena era interpretada por la Orquesta Europeae y el Coro de la Maestranza de Sevilla. Ni tampoco la orquesta arrancó en mí la chispa mientras interpretaban a Haydn en la primera parte. A mi entender no falló el director, ni mi ánimo predispuesto a la gloria del concierto.
Quizás a la orquesta les faltó anoche pasión y confianza o la musa Terpsícore andaba despendolada de copas por las muchas tabernas de los alrededores.

24 comentarios:

Olga Bernad dijo...

Curioso. Tal vez es una prueba de que las cosas no sólo son como son. Todo lo vemos (y oìmos) desde dentro, y eso a veces se acopla perfectamente a lo de afuera o lo distorsiona un poco. Algo no era igual en ti, posiblemente. Además de que junio es junio;-)
Un beso, Mery, muy buen finde.

Manuel Amaro dijo...

Querida Mery, entro a decirte que te odio=envidio por poder disfrutar de la oferta cultural que disfrutas, y porque el acertijo que planteas en mi blog lo resolví hace bastantes años.

Cualquier sentimiento está provocado por una serie de indicadores que causan cambios en nuestro organismo. Por no ir muy lejos, investiga qué ocurre cuando el cerebro produce de forma masiva feniletilamina.
Algunos lo llaman amor.
Si se acaba la feniletilamina se acaba el amor.
A más feniletilamina, más secreción de dopamina (uno de los responsables de que se refuercen ciertos comportamientos por encontrarlos placenteros).
Dicho de otra forma, algo que es directamente proporcional, es matematizable. Consigue inundar de manera artificial un cerebro con esta sustancia, y estarás consiguiendo un potente brebaje de amor.
En el fondo, la feniletilamina no es más que una anfetamina natural (y a veces incluso saludable).
El amor es pura matemática, querida Mery.

marinero dijo...

Una pregunta, relativa al último comentario (lo de que "el amor es pura matemática" lo dejaremos pasar tal cual: ni siquiera la matemática es pura matemática). Si, como se propone, "inundamos un cerebro de feniletilamina", ¿cómo diablos le indicamos a la dicha feniletcétera DE QUIÉN tiene que enamorarse? Porque oiga, se supone que uno se enamora de una persona, no de un buzón, un árbol o un sombrero. ¿Cómo diablos le ponemos a la feniletcétera la etiqueta con el nombre del adorable Pedro o la maravillosa Susana? ¿O cómo se entera sin ella?

José Miguel Ridao dijo...

Cambiando de tercio, yo cada vez que oigo hablar de la musa Terpsícore me acuerdo de Les luthiers, que le decían Píscore, Esther Píscore. El número era para partirse.

Sigue disfrutándo de la música, Mery. Pocas cosas hay que llenen más.

Un beso.

pe-jota dijo...

Ahhh, a veces las Musas andan despistadas.

Sombras Chinescas dijo...

Hay días en los que se encuentra insípido el más delicioso de los manjares.

Y sobre las relaciones del amor con las matemáticas (o de los fundamentos matemáticos del amor) ya escribí yo aquí: aquí


Saludos.

Mery dijo...

Olga: está claro que la realidad siempre es tan subjetiva, tan relativa. Pero creo que no fuí yo sola la que tuvo esa sensación de vacío aquella noche.
Buena semana para ti también.

Amaro: en todo caso mas bien apunto a una explicación química de los sentimientos, pues parece producirse una reacción de elementos mas próxima a esa ciencia. Y aún así, dudo que sea esa toda la explicación. Nada, ponte a ello de nuevo y añade un poco de alma, un poco de corazón, un poco de sal y pimienta, si se da el caso.

Marinero: ese es el quid de la cuestión, sin duda alguna. No es nada fácil responder a esa incógnita y quizás tardemos mucho en saberlo; quizás en ello reside el encanto.

José Miguel: no sabía lo de Esther Píscore, es antológico. Gracia y talento les sobra a Les Luthiers.

Pe-Jota: las musas son revoltosas cual niñas caprichosas. Ahora bien, cuando te apoyan son una delicia.

Sombras: miraré e enlace, pues parece haber surgido aquí otro debate paralelo.

Un abrazo a todos

Manuel Amaro dijo...

¿Alma?
¿Corazón?
Querida Mery, le echaré sal y pimienta, que es lo único de que dispongo en este momento.
Por supuesto que es química, al igual que si hablamos de distancias estelares será Astronomía, e idem con caídas de cuerpos y Física.
La química está asentada en una fuerte base matemática.
Escépticos.

Sara dijo...

Es muy difícil conseguir eso que llamas "arrancar la chispa", que lejos de ser una experiencia puramente individual, es una emoción colectiva que se palpa no solamente durante la interpretación, sino durante esos densos segundos de silencio que van entre la última nota y el comienzo de los aplausos... Y tienes razón, Mery: la magia de un concierto no depende únicamente del programa, ni de la orquesta o el director, ni del estado subjetivo de cada uno esa noche, ni de todas estas cosas juntas...Tratar de describir ese "algo más" es como explicar la diferencia entre un gesto con alma y otro sin ella: ¡Labor de poetas!

marinero dijo...

Con su insistencia en la ciencia (el conocimiento de lo mensurable), y particularmente la matemática, como única base de todo lo real, el amigo Manuel Amaro me hace pensar en alguien que intentase averiguar la causa del poder de conmovernos que tiene la mejor poesía de San Juan de la Cruz a base de cuantificar sílabas o hacer un esquema perfectamente medido de la distribución de los acentos.
Es inútil, oiga. Es como echar una red sobre un paisaje, y luego ponerse a analizar todo lo que contiene a base de la relación que los fragmentos que pueden verse establecen con cada cuadrito que los contiene. Que sí, que podrá usted medir todas las distancias, y hasta (por comparación) las intensidades de tono, si se pone a ello. Pero se le estará escapando algo sustancial.
Repito: ciencia, conocimiento de lo que puede medirse. No todo puede medirse. Ni se necesita. Ni conviene. Quedarse con un único punto de vista (por ejemplo, el científico) es una manera del todo segura de empobrecer esencialmente nuestro conocimiento de la realidad.

Manuel Amaro dijo...

Por alusiones:
Por supuesto, marinero. Seguiré sin creer en dioses ni meigas, y creo que incluso así sobreviviré a mi propia pobreza interior.
Es un asunto de elección.
En cualquier caso, creo que no alcanzas a comprender mis palabras, y con esto acabo mi parte de esta pequeña discusión que jamás pretendí emprender con gente de mar alguna.

Querida Mery, no sólo belleza, armonía y matemáticas están estrechamente ligadas, sino que además es casi imposible separar unas de las otras. Matematizar algo no es, como millones de obtusos creen, volverlo frío y carente de sentimiento.
¿Qué crees que hay detrás de toda la música? ¿Por qué son octavas? ¿Por qué el LA central está a 440hz? ¿Qué fenómenos hacen que unas cuerdas parezcan vibrar con más fuerza si se les coloca una caja acústica?
Hace menos de un año mi novia y yo presentamos en un congreso una ponencia acerca de música y matemáticas. Ella es pianista profesional. Yo, matemático. Ni te imaginas lo bella que es la música, una vez que le has levantado la falda y descubierto gran parte de sus secretos.
¿Comprendes ahora hacia dónde me dirijo?

Mery dijo...

Está claro que nuestro cerebro produce ondas eléctricas y crea reacciones químicas entre todas las sustancias que lo componen.

Como está claro que Amaro no es un robot, sino un humano con mucha mas sensibilidad que la que quiere reflejar en esta página- eh, pillín-. Ya sólo con esa conferencia que dísteis tu novia y tu sobre la música y las matamáticas te delatas y, a la vez, me das envidia y admiración. Soy de letras y de siempre he admirado la capacidad científica de otros cerebros.
Como me gusta mucho la Astronomía también, no olvido aquella frase de que Dios debe ser un magnífico matemático.
Pero bueno, no me vaya yo a liar de acá para allá saltando de un tema a otro.
Por lo que a mí respecta, conste que entiendo perfectamente lo que quieres decir.
Marinero anhela, como todos, imagino, encontrar el camino del corazón. ¿Habrá reglas que lo rijan que aún desconocemos?
En fin, intenso debate que se queda en mantillas porque en este medio es difícil, ya se sabe.
Gracias a todos.

Mery dijo...

Sara: no me olvido de ti, porque has dicho una frase perfecta en su significado "un gesto con alma o sin alma". Sólo nos falta encontrar de qué manera captamos el alma.
Gracias, Sara y un fuerte abrazo

Mery dijo...

Amaro: me íba sin aludir a un número mágico por su relación íntima con la armonía: el número áureo. Bien sabrás tu de ello.
Su conocimiento supuso para mí una sorpresa magnífica.

marinero dijo...

Para nada he aludido, ni era mi intención hacerlo, a "pobreza interior" alguna; sólo dije, y lo repito, que adoptar un único punto de vista sobre lo real es una manera de empobrecer (o limitar, si se prefiere) nuestro conocimiento de la realidad. La ciencia, y la matemática, pueden abarcar la totalidad de lo real, pero sólo en un muy concreto y determinado aspecto de esa totalidad, dejando fuera otros igual de esenciales. Dígase lo mismo de la filosofía..., o del arte. Por eso, porque ninguno basta, existen todos ellos. No dudo de que acudiendo a las matemáticas puedan descubrirse muy interesantes cosas acerca de la música, por ejemplo, de Bach. O de Mozart. Tampoco dudo de que SÓLO con matemáticas es imposible componerla..., o disfrutarla. Y digo lo mismo (más aún) con el sentimiento amoroso, por el que empezó esta charla; pobre sentimiento sería aquel del que la ciencia, o la matemática, bastase para dar cuenta ENTERAMENTE de él.

Manuel Amaro dijo...

Curioso que menciones a Bach y a Mozart como ejemplos de sentimentalidad no matemática.
Bach hizo malabarismos con sus fugas para imprimir a muchas de ellas relaciones basadas en la razón áurea, buscando la perfección al igual que ya hicieron los griegos con su arquitectura. El muy puñetero lo consiguió.
Mozart fue el pionero de la música estocástica (música basada en conceptos probabilísticos), y llegó a componer un minueto usando únicamente unos compases básicos y un juego de dados.
Hace poco hice el experimento con sus compases y el azar, emulando su trabajo, y la probabilidad me dice que fui el primero en escuchar una obra de Mozart.
¿No es increíble?

marinero dijo...

No, no es increíble, es del todo creíble. Repito lo que dije: "no dudo de que acudiendo a las matemáticas puedan descubrirse muy interesantes cosas acerca de la música, por ejemplo, de Bach. O de Mozart". Añado ahora que ya se ha hecho.
Pero las matemáticas (la ciencia en general) pueden dar cuenta de UN ASPECTO de la música. Interesante, valioso, pero sólo un aspecto. Un músico no puede ser sólo un matemático; necesita de otras cosas, si ha de hacer un trabajo que valga la pena. Y una condición de algunas de esas otras, y esenciales, cosas es el no ser cuantificables. O, más exactamente, que lo que puedan tener de cuantificables (como lo que decía antes respecto de los versos de San Juan de la Cruz, o de cualesquiera otros versos) no es lo esencial en ellas.
Por otro lado, hablar de "sentimentalidad matemática" es una especie de oxímoron. Las matemáticas buscan verdades cuantificables, cuyo valor es independiente de la emoción que puedan producirnos. Dos y dos son cuatro, lo son de hecho, independientemente de la reacción emocional que ese hecho nos produzca. Puede no gustarnos nada que sean cuatro, puede que prefiriésemos muy de veras que fuesen cinco, o tres; eso no cambia el hecho de que son cuatro, nos guste o no.

Sombras Chinescas dijo...

La realidad es la que es, y las matemáticas una forma de aproximarse a ella.

La aproximación a la música, o a otro arte, desde las matemáticas, como desde cualquier otra rama del conocimiento, siempre es parcial, porque la realidad es más compleja que la herramienta.

Eso sí, marinero, te equivocas al afirmar que hay cosas que no son cuantificables: lo que ocurre es que no lo son al modo clásico, pero te sorprendería saber hasta dónde llegan hoy en día las matemáticas con la lógica borrosa y muchas otras nuevas disciplinas.

No obstante, tendemos a creer en la ciencia como en una religión, cuando la historia de la ciencia demuestra que las teorías científicas a menudo le hacen más honor al nombre que al apellido.

Y me despido con una cita del paradigma del científico, Albert Eintein: "Cuando las leyes de la matemática se refieren a la realidad, no son ciertas; cuando son ciertas, no se refieren a la realidad".

Saludos.

marinero dijo...

De acuerdo en lo esencial con "Sombras Chinescas". Sólo una precisión, respecto a si hay o no cosas que no sean cuantificables: como ya señalé en mi última nota, no es eso tan decisivo como el hecho de que hay cosas en las que lo que puedan tener de cuantificable no es lo esencial en ellas. Como él mismo apunta, simplemente la ciencia, la filosofía y el arte son distintas visiones, todas válidas en sus propios términos (pero ninguna en términos absolutos, ninguna como excluyente o dominadora de las otras) de lo real.

Mery dijo...

Sombras: anoto lo de la lógica borrosa y otras disciplinas para tratarlo con amigos matemáticos.
Qué lejos me quedan ahora las ciencias exactas...
Un abrazo

Pet dijo...

Mery,
La música es puro erizar de cabellos, verdad? Y cuando algo no va no va, es difícil de explicar.
Deberíamos acompañarte a uno de tus conciertos a verte disfrutar.
Por cierto te he respondido a tu comentario sobre Silence en mi blog , y ahora se me ocurre, qué música le pondrías?
Ya me contarás.

Mery dijo...

Pet: ardua tarea me encargas, poner una música acertada a un libro. No sé si atreverme a ello cuando lo haya leído.
Pero se me está ocurriendo que, como tu SI lo has devorado ya, me digas tu parecer.
Hala, ya te he devuelto la pelota.

Pet dijo...

Me lo tengo merecido. Bueno, sobre la marcha, tendría que ser algo limpio, sin teatralidad, como las flautas de La Misión o algo así. Algunas trompetas de Purcell podrían valer también. Y Albinoni para cuando pasan días bajo la lluvia y eso. Vaya, que ya para qué vas a leer el libro -:)

Mery dijo...

SI, jajaja, Pet, un poco mas y me cuentas el final y todo.
Tengo muchas ganas de leerlo; por lo que intuyo, se van a conjugar en él varias artes.