miércoles, 26 de enero de 2011

Lo no vivido


¿Por qué tenemos añoranzas de épocas no vividas? La respuesta inmediata es creer que cualquier tiempo pasado fue mejor.
Esos locos años 20 del Charleston que el cine ha soñado hasta el delirio, aunque fueran sustentados entre dos guerras, la dorada década de los 60...se me ocurren cien jornadas por vivir si tuviera una máquina del tiempo fiel a mis deseos.
Esta escena del pintor francés Gustave Caillebote que ilustra mi entrada es uno de esos momentos que evoco con una ternura impropia, como si tuviera delante una foto de mi sombrilla roja en una promenade primaveral. ¿Dónde estaría? ¿Quién es el caballero que me acompaña? ¿De qué se habla? O ¿acaso guardamos silencio mientras nuestros pensamientos cantan un mismo aire? Incluso el camino me parece familiar y me recuerda una vieja estación de tren, ahora abandonada, de un pueblo de Castilla.
Quizás un perrillo juguetón nos acompaña unos pasos por detrás y está dispuesto a unirse a la escena. Esperen a ver.
Ese algo que me transporta bajo la sombrilla es un misterio para mí. Como tantas cosas.
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Las primeras páginas de Fuego, de Anäis Nin se me rebelan entre los dedos, a veces me sacuden con pequeños chispazos. Admiro su valentía y lucha por ser fiel a sí misma y su avanzar contracorriente dentro de una moralidad supuestamente femenina, impuesta por su siglo. Claro que me río yo de lo que antes se consideraba decente o no, porque desde que el mundo es mundo al ser humano le han movido las mismas pasiones, altas y bajas, el dinero ha hecho sus corruptelas, el poder ha sembrado crímenes impunes y el deseo carnal ha campado a sus anchas, a veces dejando hijos de sangre desconocida entre familias de todo rango.
Nada hay nuevo bajo el sol...menos aún bajo las estrellas.

7 comentarios:

pe-jota dijo...

No hay nada nuevo bajo el sol, pero algo hemos ido perdiendo por el camino, por eso nos gusta mirar atrás, para ver si logramos recordar qué fue aquello que en algún momento olvidamos.

Pet dijo...

Mery, es verdad, qué bonito es revivir esos instantes jamás vividos. Los vividos, aunque los coloreemos, siempre parece que nos traicionan un poco, siempre se escapan a nuestro control. Revivir aquello que nunca fue es como retornar a un pasado feliz. Eso ni Proust con sus madalenas. Eres una soñadora maravillosa.

Parsimonia dijo...

Por eso se escribe y se lee, por eso se pinta y se contempla, por eso se recrea lo que no existe; porque el hombre es un ser que anhela, que es curioso, que desea.
Con un poco de imaginación es divertido meterse en la piel de otros, de personajes reales o ficticios. Es fascinante poder vivir experiencias que jamás tendremos, inclusos tan sencillas como los de la pareja misteriosa de espaldas que camina bajo una sombra propensa a desaparecer bajo sus pasos. Y de repente, un poco de calor y ganas de beber, una conversación que se interrumpe y algo más ... así se desata la fantasía.
Besos.

Sara dijo...

Probablemente sea nuestra memoria selectiva la que nos hace sentir nostalgia de un pasado no vivido; es decir, imaginamos lo que hemos ido perdiendo por el camino, olvidándonos de lo que hemos ido ganando...Aún así, yo también sueño con todos esos pasados no vividos- gracias, sobre todo, a los "grandes clásicos". Además, a menudo siento que ellos dan a conocer el alma humana- con todas sus luces y sus sombras- mejor que muchos de nuestros contemporáneos...

Sombras Chinescas dijo...

La memoria es una mentirosa bienintencionada, un recurso piadoso con el que nos dotó la evolución para hacer tolerable el pasado.

Un abrazo.
Juan Carlos.

Аmanecer dijo...

Es cierto, no hay nada nuevo bajo el sol, ni las estrellas.
Pero la memoria no lo sabe, es por eso que a veces se vuelve al pasado, he imaginar el como.
( Hay dìas en que pensar en lo no vivido, te hace màs placentero el dìa, bueno, en mi caso.)

Besos

Madame X dijo...

Qué grises serían los días si no nos hiciéramos esas escapadas mentales a otros lugares y a otros tiempos. Y los libros, el cine y las historias contadas de viva voz nos hacen más apasionantes y ricos esos viajes.

Veo que se te resiste Anaïs Nin. Ya sabes que sus diarios me entusiasman, pero es verdad que al comienzo cuesta situarse. El suyo es un periodo fascinante en ese París de entreguerras con tantos personajes estrambóticos y bohemios circulando por ahí.