miércoles, 17 de septiembre de 2008

Memorias, confesiones, autobiografía, diarios ( I )


Se dice que la Literatura, o mas bien el acto de leer, es un estado de ánimo y que por ese motivo estamos predispuestos a enfrascarnos en la poesía, el ensayo, la novela en sus diferentes modalidades, la biografía...en fin, según sea nuestro íntimo y particular momento anímico.

Doy tal afirmación por cierta en mi caso tras haber constatado cuánto tiempo llevo sin prestarle atención a ningún poeta, mientras que hace meses todo era un trajín de husmear entre Claudio Rodríguez y Pablo García Baena, por mostrar un ejemplo. En la actualidad, es decir, de año y medio a esta parte, mi querencia natural se decanta por los diarios, confesiones, memorias o como quieran llamarle cada uno a su propia vida, y así voy de Pessoa a Julián Marías, pasando por Goethe, Vila-Matas, Benjamin Constant y alguno mas que lamento dejar en el olvido en este lapsus mental matutino.
Andrés Trapiello en su última entrega de "El salón de los pasos perdidos"dedica un par de páginas a desentreñar los vericuetos psicológicos que diferencian a las memorias de la autobiografía. Según él, el que escribe sus memorias piensa que su vida es memorable, lo que conlleva un concepto de sí mismo pomposo y egocéntrico. Todo en ellas gira en torno a él: el mundo que le rodea, las personas que aparecen y, de alguna manera, es un libro que ya esá escrito de antemano, puesto que el autor sólo escribirá aquéllo digno de mención según su criterio. Lo que no considere de su agrado es muy probable que no deje rastro entre esas páginas. El memorando entreteje con sus palabras una serie de justificaciones de por qué hizo esto o dejó de hacer lo otro y así va dirigiendo el criterio del lector. Trapiello concluye que las memorias suelen ser un invencible tostón plagado de empachos autocomplacientes en la mayoría de los casos.
En la autobiografía no hay, en cambio, un protagonista único y estelar. La obra se va desarrollando a tenor de unos hechos y de otras personas que participan en la vida de uno, de modo que esa exposición conforma una obra coral que va desarrollándose por sí misma, y casi nunca pretende justificarse ni imponer su criterio: tales hechos han ocurrido, tales personas han participado en ellos, esta es, a fin de cuentas, mi vida hasta hoy.
El lector adopta una función muy dispar ante ambas y lo hace inconsciente de ello: en las memorias puede creer o no lo que ha leído, pues su carácter intimista le hace sospechar que haya tergiversaciones, omisiones, autocomplacencias. ¿Cuánto hay de verdad en lo que estamos leyendo y cuánto de autoengaño ? No le queda otra que juzgar, por esta causa, al autor de las mismas.
En las autobiografías los datos se avienen a los hechos y dejan poca cabida a la duda, por cuanto la intervención de otros hace mas improbable la manipulación continuada. Lo que aquí se presenta es la vida desde sus múltiples visiones, como las caras de un poliedro. El lector no encuentra motivos para juzgar al autor, sino a la vida.
No obstante ¿quién es capaz de juzgar una vida? preguntaría yo, Mery, a cada lector de memorias, biografías o confesiones.
En sucesivas entradas comentaré opiniones de otros escritores.



11 comentarios:

Juan Antonio, el.profe dijo...

También hay autobiografías que silencian pasajes de una vida, o engrandecen otros. La tergiversación siempre puede aparecer. En cualquier caso, me parese interesante la tesis general que planteas. A propósito, tienes una nominación en mi blog...

Soboro dijo...

En tu breve entrada sugieres muchos comentarios respecto a las biografías-memorias y sus autores.
A mí nunca me han gustado las autobiografías porque me han parecido falsas, aunque bien merecen la pena algunas como Vivir para contarla de García Márquez por lo que desvela de experiencia en sus obras más "literarias".
La biografía contada por otros todavía me resulta más mentirosa o engañosa, pero en su día me interesé por la que escribió Ian Gibson sobre Lorca, por el historiador y su historiado, pero siempre que lo empiezo a leer la abandono por su excesivo detallismo en cada pequeña cosa asociada al biografiado. Demasiada información.
Sé de todas formas que las biografías son un género deleitoso para muchos y realmente tiene curiosidades que gusta leer.
Un beso.

Antonio Serrano Cueto dijo...

Ya lo ha dicho Juan Antonio: la autobiografía puede ser tan selectiva como las memorias. Yo no creo que sea tan fácil clasificar ambas con estos razonamientos. ¿Por qué no puede ser una biografía "coral" la que se cuenta en las memorias? ¿Es que contar las "memorias" no es hacer autobiografía? ¿Acaso el escritor que escribe una autobiografía no piensa que su vida es memorable (digna, pues, de memoria)? Para mí para escribir las memorias hace falta una cierta perspectiva que sólo dan los años (de ahí el absurdo de pretender hacer memorias antes de los 70, como mínimo), aspecto que no se exige a la autobiografía, del mismo modo que puede redactarse el currículum vitae a los 18, 25, los 40 y a los 80.
Saludos.

Mery dijo...

Juan Antonio, Antonio Serrano: estoy completamente de acuerdo en lo que argumentáis sobre las memorias y las autobiografías. Esta era la versión de Andrés Trapiello.
De hecho voy a dar varias visiones al tema en futuras entradas, por ello he acompañado al título con el paréntesis (1).

Soboro: como bien dices hay muchísimas biografías repletas de imprecisiones, erratas y claras invenciones. Hay que andarse con ojo a la hora de aceptar lo que se nos presenta.
Un abrazo a los tres, sureños, por cierto.

Rafael Lucena dijo...

Otro sureño aporta lo siguiente: parece aconsejable, después de estudiar el asunto, concluir, como otra posibilidad más, que la literatura, por mucha teoría, crítica, historia y comparación que se le aplique, es un hecho estético agenérico, híbrido y mixto más que ninguno, inclasificable, inetiquetable... Vamos que no merece la pena el esfuerzo de ponerle un membrete. Mi padre aún me recomienda que lea sin autores, ni épocas, ni corrientes, ni generaciones... Que lea, simplemente, para disfrutar como lector virginal del texto, no como filólogo o algo afín. Martín de Riquer decía que su máxima felicidad de lector habría consistido en haber podido leer el Quijote en su época adulta bajo un absoluto desconocimiento (¿importa que sea una novela, la novela?; ¿es una novela?). A mí me pasa lo mismo que al magno profesor, pero con las aventuras de Asterix.

pe-jota dijo...

Memorias y autobiografías, interesante el posicionamiento y la diferencia que se establece entre ambas, aunque siempre queda la duda, qué no se dice ???, y al cabo del tiempo acaban apareciendo nuevos datos que no hacen si no confirmar la sospecha, pero si nosotros mismos ocultamos parte de nuestra realidad, qué no ocultará alguien que es conocido.

ONDA dijo...

Dependera como dicen más arriba del contenido; no creo que la gente tome esa actitud según el título o el antetítulo.
Dependerá del contenido.
Normalmente se entiende por memorias la que escribe el protagonista de la vida relatada.
Me parece una distinción muy forzada.
Quiza también Trapiello haya escrito o vaya a escribir algo de su vida...y el título nos dará la garantía de su objetividad, lo lo creo.

ONDA dijo...

Quise finalizar con no lo creo. Lo hecho por otros también estará influído por la opinión del autor o por los datos que tenga quizá no contrastados

Yuria dijo...

Hola, Mery! Eres una gran lectora. Yo, algo menos, pero también. Sin embargo, este verano necesitaba desconectar de todo y volví a las conocidas novelas detectivescas de Ágatha Cristhie, no sé si subliteratura, pero me han ayudado a relajarme.

De los autores que nombras hay dos que no conozco y espero ojear en breve: García Baena y Benjamín Constant.

Y, como dice Trapiello, en la autobiografía no hay cáscaras. Siempre he pensado que hay que ser generoso para escribirla.

Un abrazo.

Mery dijo...

Rafa: con Astérix has tocado uno de mis puntos débiles.Tu padre dice una verdad como un templo: hay que leer por el placer de leer, lo que sea,a la hora que sea, o no leer nada si no se siente placer en ello.

Pe-Jota , Onda : si, el sentido común dice que no se debe dar por cierto todo lo que se dice, ni de uno mismo, ni de los ajenos.
Aún así yo encuentro interesante leer las experiencias de esas gentes que, de alguna manera, me conmueven.

Yuria: leer a Agatha Christie no es en absolto un descrédito. Sus novelas con Poirot o miss Marple han deleitado a generaciones enteras.

Un abrazo a todos

Compartimos? dijo...

¿como diferenciar un documento de una ficción?. Considero que hay que dedicar un cierto tiempo a dar respuesta a la pregunta.
Los documentos parecen ser improntas de la historia que aparecen entre libros, anaqueles, citas, investigaciones cruzadas.
La ficción no hace falta definirla.
¿ No crees que en el fondo no es solo una cuestion del corta pega, es decir del montaje de la trama?.
Hasta pronto