jueves, 3 de septiembre de 2009

La última ola


En el instante en que bese la playa la última ola de todos los océanos, comenzará la cuenta atrás de los días que falten para el fin del mundo.

Podría ser la frase que diera comienzo a una novela. Lo difícil, como siempre, hallar el argumento de la misma, porque, con esta premisa, cualquier meollo es factible.

Una chica está en la playa, sobre la arena, en esos minutos que anteceden al sueño profundo que arrulla el mar. Atrás ha dejado un año trabajoso y no desea pensar en nada, salvo lo que el alma quiera, y ahora le ha dado por imaginar qué ocurriría si, de pronto, dejaran de sonar las olas.

¿Qué sucedería a su alrededor cuando el primer ser humano se percatara de la quietud de las aguas? ¿Cuánto tardarían en notar que no es un efecto pasajero, sino un hecho real, sin vuelta atrás? Como la pólvora, se extendería el temor por la playa, por todas las playas del mundo, en cada faro y cada puerto, en cada comandancia de marina y en todas las cofradías de pescadores. En alta mar los veleros arrancarían sus motores al cesar el viento, pero quizás serían los ultimos en enterarse de la tragedia.

Desde las costas, la noticia volaría al interior de los continentes. Los científicos del mundo entero se echarían las manos a la cabeza y el ciudadano de a pié discutiría si la culpa ha sido del efecto invernadero o de la carrera espacial. A Sarkozy lo veríamos tomar vela en este entierro saliendo en todas las cadenas de televisión, con Angela Merkel al lado, o detrás suyo, ambos serios y circunspectos. La Bruni compondría un tema con su guitarra en una sala del Palacio del Eliseo. ¿Hay ciudad mas bella para morir? Posiblemente no y por eso Carla tiene que agarrar la inspiración al vuelo y cantar en un dulce francés las palabras del cataclismo.

La chica de la playa se ha desperezado momentaneamente, inquieta por el devenir de su loca imaginación. El sentido común le dice que si se pone boca abajo la modorra volverá a apoderarse de ella, y se deja acariciar la espalda por el sol y la brisa del atardecer. Complacida comprueba que las olas siguen obedientes, acariciando también suaves la arena con su ritmo lento y desigual. La vida continúa, no hay fin del mundo a la vista, ¡ay!

Antes de sumergirse en los sueños poderosos, esos que viajan ajenos a nuestra voluntad, se promete a sí misma buscar mas tarde otros argumentos para ese libro. Nada de ciencia ficción; quizás una simple novela de costumbres, donde el amor y la muerte, que a veces se quieren tanto, vayan también de la mano de un mar que aún no ha entregado su última ola.

11 comentarios:

José Miguel Ridao dijo...

Precioso texto, Mery. Veo que el parón le ha sentado de maravilla a tu inspiración.

Un abrazo, ya se te echaba de menos.

Olga B. dijo...

Me ha gustado leerlo justo antes de ir a dormir. No tengo el mar cerca, pero puedo imaginarlo. Estoy acostumbrada.
Retomo la costumbre de las buenas noches, Mery, y me quedo con ese mar que aún no ha entregado su última ola.
Muy bonito.

Javier Sánchez Menéndez dijo...

Me alegra tu vuelta, y me encanta tu escrito.

Un abrazo.

Miroslav Panciutti dijo...

Sí, pensé en la muerte al imaginar un mar absolutamente calmo. En cambio, en ese escenario no logro ver al amor. Bueno, quizá sí.

Bonito e imaginativo texto. Un beso.

Parsimonia dijo...

Feliz vuelta!
Que no haya jamás una última ola.
Que suenen los rugidos en su infinitud.
Bello texto.
¿La chica escribirá esa novela de costumbres? Eso espero.
Besos

pe-jota dijo...

Ya de regreso y por lo que parece llena de inspiración, cosa excelente para los tiempos que corren.

El Deme dijo...

Hola Mery. Has vuelto. Y has escuchado olas. Yo creo que si ya no hay olas ya no hay mundo, por eso no me extraña que te plantearas esto. De todas formas hija, piensa esto: todo el día escuchando olas tiene que ser un coñazo. ¡Suerte con los nuevos sonidos más...urbanos!

enrique dijo...

Palabras hermosas como olas que van y vienen...

Sombras Chinescas dijo...

Mery:

Me comenta un pajarito que te va a plagiar la idea Saramago. El resultado se llamará ensayo sobre la inmovilidad.

Un abrazo.

Mery dijo...

José Miguel: muy amable tu recibimiento. El parón me hace retomar el blog con pereza (el lado menos positivo de las vacaciones). Un abrazo

Olga: la nocturnidad nos acompaña, no logra quitarnos la costumbre ni el verano ni el otoño que está en puertas. Muy agradecida de tu visita, siempre. Un beso

Javier: me alegra que te guste el texto. Gracias y bienvenido a estas páginas nuevamente.

Miroslav: el mar tiene esas cosas, produce efectos de lo mas variopintos. Un beso

Parsimonia: escribir una novela y que encima sea notoria y de calidad...uff. Me encanta verte por aquí. Un beso

Pe-Jota: la inspiración va y viene. Ya sabes que si no le dá la gana de presentarse, no hay manera.
Un beso y gracias

Deme: pues mira que a veces me gustaría muchísimo mas escuchar las olas que estos frenazos y pitidos de mi calle. Un gusto verte por esta casa, siempre. Un beso

Enrique: el mar tiene un poder tan vivo que estoy segura de que lo entiendes perfectamente, por mucho de tierra adentro que seas.Un beso fuerte, segoviano de mis entretelas

Sombras: tu idea de Saramago no sé si me hace mucha ilusión o poca. Déjame que lo piense un poco...
Un beso

Gracias a todos, siempre

ONDA dijo...

Buen comienzo señorita....de lo que sea novela relato o cuento