miércoles, 22 de abril de 2009

A propósito de la guadaña


Una magnífica entrada de José Miguel Ridao en su blog "Por estos andurriales" titulada Guadaña, me ha hecho recordar ciertas cosas que ocurrieron cuando murió mi padre. En realidad las recuerdo practicamente todos los días desde hace casi dos años, sólo que hoy me apetece contarlo y no sé muy bien cómo hacerlo ni cómo será acogido por quien me lea. Si le sirve a alguien para algo, me daría por satisfecha. Allá va y que sea lo que Dios quiera.
Unas horas antes de que mi padre entrara en coma y se fuera para siempre, dejó de mirarnos durante unos minutos y fijó su vista en el techo, de manera obstinada y casi sorprendida, como si estuviera viendo algo inesperado que requiriera toda su atención. Nosotras, conscientes de la importancia de su experiencia, fuera cual fuera, e impotentes ante ello, guardamos silencio y nos limitamos a esperar. Él ya no pudo contarnos qué ocurrió durante ese breve espacio de tiempo.
Dos días antes, otro suceso extraordinario: un intensísimo aroma de flores inundó de repente y a bocajarro la habitación del hospital y no había ninguna alegrando el panorama. No sé por qué, en ese momento tuvimos la primera certeza de que el fin estaba ya cerca. La segunda certeza fué la mirada sorprendida de mi padre hacia el techo. Y no nos equivocamos.

20 comentarios:

Miroslav Panciutti dijo...

Seguro que tú tienes una idea de lo que vio tu padre y le sorprendió tanto; lo del aroma a flores es más extraño.

Sin ninguna intención de comparar, me has recordado que justo el día antes de la muerte de mi padre, la víspera de la operación que tenían que hacerle a corazón abierto (murió esa noche y, por tanto, no se la hicieron), estábamos hablando con él en la habitación. Estaba bastante animado y de pronto, tras mirar un rato una pared, me preguntó si yo no veía allí unos dibujos parecidos a los de Durero. Le dije que no y comentó que qué extraño, pero cambió de tema y siguió hablando de lo bien que iba a quedar en cuanto le operaran. A diferencia tuya, no tengo estos recuerdos con frecuencia. Un beso.

José Miguel Ridao dijo...

Mucho mejor tu foto que la guadaña de mi entrada. Y cien veces más optimista la tuya, al final quedó un persistente aroma a flores...

Un fuerte abrazo

Javier Sánchez Menéndez dijo...

Oh, Mery, me has recordado la muerte de mi padre, y me pasaron cosas similares.

Me has llevado a él y hacía mucho tiempo que no era capaz de recordar.

Todo fue tan ráìdo y tan lento a la vez.

Gracias Mery, gracias Ridao.

Un abrazo.

José Ignacio dijo...

Tocas un hecho importante que demasiadas veces escondemos, por mi parte lo acojo con respeto y comprensión.
Aunque han pasado unos treinta años recuerdo mu bien el día en que mi padre tumbado en una cama de hospital me dijo convencido: Hijo esta va muy mal, le mire a los ojos y asentí con la cabeza.
Al cabo de una semana más o menos moría en nuestra casa.
He asistido a los últimos momentos de algunas personas. En algún caso una especie de lucha se manifestaba, manos al aire que apartan, inquietud .
Recuerdo una vez que como dice Miroslav el hombre, en aquel caso, tenía la sensación que la habitación se llenaba de hormigas.
Los que mas me han impactado han sido dos casos que tras un proceso largo de aceptación llegan a ese momento en paz y en un proceso de de "despedida" tranquila con los que les rodean.
Tengo la sensación que la vida de cada uno se refleja de manera fuerte en ese decisivo momento.
Agradable sensación premonitoria la vuestra. He oído algún caso parecido.
Un beso

LA MAMI dijo...

QUIZA VIO ALGO, ALGUIEN? ME LLENA DE ALEGRIA PENSAR QUE ASI ES...
POR MIS CREENCIAS MAS QUE NADA...
ESPERO ENCONTRARME DE NUEVO CON GENTE QUERIDA...
UN BESOTE GUAPAAAAAAAAAA

Parsimonia dijo...

Cuando murió mi abuelo yo estaba en Barcelona (aunque me despedí de él, definitivamente, pocos meses antes) y sólo pude llegar al entierro.
Mi hermano y yo dormimos en casa de mi abuela esa noche y él soñó, como si hubiera sido real, que mi abuelo lo visitaba y le decía algo al oído que no recuerda, algo que tenía que ver con mi madre.
Nunca lo recordó, pero siempre me dice que no está seguro de si fue un sueño o si ocurrió realmente.
No sé qué decir sobre estas cosas.
Cuando alguien querido muere hay mucha tristeza y recuerdos latentes. Podemos sugestionarnos, pero que varias personan huelan un mismo perfume de flores es más sorprendente. Por cierto, ¿sabrías decir qué flores eran?
Besos.

enrique dijo...

En esos instantes supremos han de pasar cosas extraordinarias.
Y seguroq ue tus padres las vivió, rodeado de sus hijas y del perfume de su vida entera...

Juan Antonio Glez. Romano dijo...

No sé qué es más sobrecogedor, si recordar las últimas miradas de un vivo, o las primeras cegueras de un muerto.
Lo ideal sería quedarse en el recuerdo con las miradas vivas, aunque ssean las últimas, como tú has hecho, Mery.
Un beso.

Olga B. dijo...

Me impresiona la entrada y el comentario de Juan Antonio ("...las últimas miradas de un vivo o las primeras cegueras de un muerto"). Mi abuela se paso sus últimos días oyendo cantar a un tenor (y muy bien, decía, "pero un tenor de ópera, no un cantante normal"). No podía entender que los demás no lo oyésemos, eso la contrariaba mucho. No sé si la explicación de las alucinaciones visuales o auditivas es suficiente o realmente están entre este mundo y el otro y ya no les alcanzamos.
Tu entrada deja flotando ese olor a flores como una pregunta y tal vez una esperanza.
Un beso, Mery.

Jesús Cotta Lobato dijo...

En el trance de la muerte, cada gesto está revestido de una importancia suma y de misterio. Yo creo en esos gestos y esos misterios. Aun cuando fueran falsos, creería en ellos. Dignifican la vida y la muerte.

Hernando dijo...

He oído más veces esa forma de proceder. Tal vez la mirada fija, sea una forma de desconectar. De apagar la luz para dormir definitivamente. De apagar esa luz que encendemos al nacer. Tal vez. También es cierto que todo lo que sucede en esos momentos se queda en la memoria. El dolor lo graba para siempre.

Un beso.

Mery dijo...

Perdonadme que no os responda hoy uno a uno, como os merecéis.
He de deciros que me han sorprendido y maravillado vuestras experiencias, los que habéis vivido algo parecido, y vuestros comentarios, los que aún no lo habéis conocido, gracias a Dios.

Me preguntáis a qué flores olía: pues a ninguna en concreto, era un aroma floral indefinido y muy intenso, de sopetón. Y flor no había ni una en los alrededores.

No tengo respuesta a lo que ocurrió esos días y de hecho me cuesta hablar de ello, porque uno lo vive como algo muy íntimo, muy profundo e imposible de explicar.

A todo ello se une el temor a que los demás te escuchen con la sonrisa de quien está oyendo alucinaciones de una chiflada. Y tu sabes muy bien que tenías los cinco sentidos alerta y que todo aquéllo pasó. Cada vez estoy mas convencida de que deberíamos hablar con mas naturalidad de estos temas, manteniendo el sentido común como base, por supuesto, para no caer en charlatanerías y sugestiones primarias y absurdas.

Olga, Parsimonia, Mami, Miroslav, Jesús, Enrique, José Miguel, Juan Antonio, Hernando, José Ignacio, Javier, mi abrazo mas sincero.

Os agradezo mucho vuestras palabras, pues esta entrada la escribí impelida por un deseo mas fuerte que mi propio pudor.

una pez payaso dijo...

Hola Mery!, llego aquí desde "el drama de la vida". Y con tu permiso, me gustaría contar que yo también he vivido experiencias parecidas con la muerte de mis padres. Brevemente: Yo vivía en Madrid y ellos en Murcia y en ambos casos, una semana antes sentí la necesidad imperiosa de correr a su lado. Un desasosiego que sólo desapareció en el caso de mi padre, porque me dejé llevar y acudí a tiempo. Si bien es cierto que el médico ya le había fijado una fecha tope unos meses antes. En el caso de mi madre, la sensación volvió a impregnar mi alma...pero ella estaba (aparentemente) sana...y además las circusntancias hicieron que no llegara a tiempo... ella ya se había marchado. Ocurrieron más cosas, similares a las que han escrito en los otrs comentarios, pero no quiero ser pesada. Gracias por esta entrada.

glup!

ONDA dijo...

Cuenta mi tío sobre la muerte de mi abuelo Adriano, cuando murió, una virgen que le habían traído de Fátima se calló quedó de pié y empezo a sonar su música. Y se habrió el ventanal de su cuarto con un suave viento y empezó a nevar...era el 1 de octubre.

No se si son percepciones o hechos reales.

A mi hermana cuando fallecieron mis padres y entró un día en la casa ya vacía le sorprendió un aromá idéntico al perfume que mi madre utilizaba.

Yo que no estaba presente cuando murió mi padre noté una sensación extraña en el café donde estaba, cuando mi mirada se reflejó en uno de los espejos cuando me dirigía al baño. Después no he tenido valor de volver a ese lugar y hoy aún recuerdo ese instanta en el Café espejo, la exacta luz...

Gran abrazo

Mery dijo...

Pez Payaso: me gusta oir experiencias como la tuya, porque creo que cuando vives algo así, entiendes perfectamente casos similares. A la vez sabes que es algo muy íntimo que te cuesta contar, porque, además, no encuentras las palabras.
Gracias por tu visita. Un abrazo

ONDA: puedo imaginarme perfectamente lo que cuentas,y soy consciente de que algo muy profundo y personal sucedió en esos momentos. No sabemos lo que es, pero ahí está; cada cual lo vive y lo interpreta como le sale del corazón.
Un beso

Gracias a ambos, vuestros testimonios son muy valiosos para mí.

Amanecer dijo...

Un tema profundo has tocado Mery, de alguna manera, los que hemos perdido a un ser querido, hemos tenido esas señales de que es el final para ellos, en mi caso, siempre que fallece un ser querido, escucho su voz,dìas antes, a pesar de la distancia que nos separa, y me invade una inquietud, que me hace caer en la tristeza.
A veces se necesita hablar de esas, perdidas que el corazòn, guarda, entre los màs hermosos recuerdos verdad?
Gracias por dejarme, estar en tus alrededores.
Buen fin de semana Mery!
Besos y muchos màs.

Rio Oria dijo...

Vaya temita, yo tambien vivi mi experiencia con mi padre, me tenia que ir de su lado y tuve la certeza de que me despedia para siempre, sali llorando "a moco tentido" y mis hermanos me decian que que pasaba y yo les decia pero no veis que me acabo de despedir de él, no lo veian y efectivamente cuando lo volvi a ver ya fué tarde, pues la distancia nos hizo llegar cuando ya habia fallecido.
Un beso. Olalla.

Madame X dijo...

La muerte forma parte de la vida y deberíamos poder hablar de ello con menos pudor y menos reparo. Tendemos a reprimir el dolor, a guardarlo sólo para nosotros, y no creo que sea nada sano.

Un día me gustaría poder tener el mismo valor que tú y hablar de mis muertos, de cómo se fueron y de qué sentí. Hablar de mi padre y de mi abuela. Hoy, leerte me ha hecho estar muy cerca de ti, cerca también de quienes han hablado de sus experiencias.

Esta es una entrada triste, pero también hermosa. Está cuajada de amor. Gracias.

Un beso.

pe-jota dijo...

Esta entrada me reafirma en el hecho de que no debemos tener miedo a la muerte, es sólo un tránsito, pero nuestro egoísmo no nos deja verlo.

Mery dijo...

Amanecer: lo que cuentas de oir sus voces me pone el vello de punta. Es una premonición auténtica. Gracias por contármelo.
Un beso

Olalla:tu lo veías perfectamente claro en tu interior y eso ya es único e intransferible. Gracias por compartirlo en este blog.
Un beso

Madame: si tu contaras tantas cosas que te guardas, estoy segura de que el mundo pararía sus giros durante un tiempo. Y dices bien, el asunto de la muerte nos genera un pudor y un silencio que no acaba siendo sano. Gracias. Un besazo

Pe-Jota: tenemos tanto miedo a lo desconocido, a lo que sólo intuímos, que nos cegamos ante tantos testimonios. No sé si se trata de egoísmo, pero sí que es muy humano, demasiado humano.
Un beso y gracias