martes, 1 de abril de 2008

Excusas sabatinas y fraternales...................Lámina 23


La de tiempo que hacía que una servidora no merodeaba por el centro, Puerta del Sol y aledaños. Tuvo que venir a Madrid una hermana ausente para que decidiéramos juntarnos todas a comer y vagar sin rumbo, orden ni concierto, ni maridos, novios o similares .
Elegimos reservar mesa en un conocido restaurante de la Cava Baja, famoso por sus huevos estrellados (ya que tenemos unos dias a "la extranjera" llevémosla a algun lugar typically madrileño, como si no hubiera vivido aquí unos treintaypico años). Cualquier excusa es válida para hacer algo fuera de lo cotidiano, y lanzarnos a la conquista de unas calles conquistadas de antemano por todo turista que se precie.
Salí de casa un par de horas antes para acercarme al Fnac en busca de algún disco añejo y lo que cayera. Cayeron dos cds de los años de maricastaña, uno de los cuales voy a devolver porque ahora, en frio, y aún envuelto en su papel original, no me convence ni mucho ni poco. En las puertas del Fnac recibo un sms de la extranjera, enfrascada hasta la locura en una zapatería de difícil catalogación, solicitando mi ayuda antes de cometer una tropelía comercial irreparable. Me dirijo al local en cuestión y ¡Dios todopoderoso!, compruebo que aún hay bajo el sol muchas sorpresas por descubrir en estos madriles; aquéllo era un auténtico berenjenal de zapatos para todos los gustos, horrorosos o preciosos, baratos o no tanto, originales, mediocres, altos, bajos, para hombre, para mujer y para ¿¿....?? En fin, de todo. Salimos de allí incólumes, y no por falta de ganas, sino de tiempo para decidirnos, pues ya nos esperaban, medio impacientes, el resto de hermanas cerca del restaurante.

Atravesando la Puerta del Sol nos llamó la atención un soberano jolgorio de mariachis que cantaba ,"a puro dar", junto a La Mallorquina. Obligada parada entre el muy numeroso círculo de espectadores y reprimidas ganas de bailar esas rancheritas que tan bien conocíamos todos y que canturreábamos sin miramiento alguno al compás de sus voces. Un par de extranjeras (auténticas, no como mi hermana), se pusieron sus anchos sombreros y se fotografiaron junto a los guitarrones y trompetas mexicanos, con una alegría y un desparpajo, que los allí presentes las coreamos y aplaudimos como si formaran parte del espectáculo. Probablemente llegaríamos tarde al restaurante, pero, quién se resiste a tanta alegría. Yo no, desde luego.

Al cabo de unos minutos logramos despojarnos del embrujo charro y bajamos por Cuchilleros hacia la Cava, donde nuevas algarabías musicales nos interceptaron el paso. Esta vez se trataba de varias Tunas concentradas en tan corto espacio, unas con banda roja, otras azul o verde. Debía tratarse de una reunión pactada, pues no creo que sea habitual semejante despliegue de bandurrias y guitarras y orlas al viento. ¿O si lo es y yo no me entero?

Aquí la mirada fue de paso; la cercanía de los huevos estrellados nos hacía recordar que ya íbamos teniendo hambre. Entre medias, mucha venta ambulante arriba y abajo, gafas, monederos, abanicos, cinturones, marcas imitadas a go-gó, pulseras hippies, algún acordeón lejano....y, ante nuestros oídos perplejos, se oye tocar jazz al mas puro estilo Nueva Orleans, en alguna de las calles paralelas. Imposible asomarnos a curiosear , había que tener una medida, por favor.

De la comida en cuestión, poco que destacar - ambiente muy cargado en esa especie de sótano en el que estuvimos confinadas y un cierto mal humor en la señora que nos acompañó a la mesa, sin motivo aparente, pues resultó que habíamos llegado puntuales-. Comimos bien, moderadamente bien, pero deseábamos salir al sol madrileño que tan resplandeciente nos había sonreído durante la mañana.

Una vez en la calle nos encontramos con división de opiniones: alguna quería entrar en una tiendecita que..., otra quería marcharse ya a casa porque..., la tercera buscaba unas medias con....
Así que, por no hacer el cuento largo, me ofrecí a entrar en El Corte Inglés a comprar las dichosas medias de costura posterior (antojo de "la extranjera") , como las que se usaban antaño y que tan sexys resultan, y de esa manera economizábamos tiempo y esfuerzos, que ya se íba haciendo bien tarde y nuestros pobres pies no daban para mucho mas.
Con estas postrimeras disquisiciones se deshizo el grupo momentaneamente, para descansar y soltar bolsas y paquetes, pues mamá gallina esperaba a sus pollitas descarriadas al acabar el dia, en la casa familiar, bien servidas de té, bollos y chocolatinas.

Y es que va resultando agotador ser mujer.

15 comentarios:

El Deme dijo...

Vivir la calle, aún con sus ruidos, sus mercancías, sus falsos profetas, sus mentideros y sus charlatanes tiene que ser una fiesta. La paz de la habitación nada tiene que ver con la algarabía de las aceras...
Un saludo (y mira mis fotos de Madrid)

pe-jota dijo...

Agotadas pero satisfechas, que menudo aire de festiva satisfacción a base de taconeo por la ciudad que respira el post. Y sí, no hay nada como la llegada de un pariente o conocido para ir a lo conocido, que ya nos lo conocemos y asombrarnos de lo conocido que lo teníamos, ufffff, que lío he armado, jejeje

enrique dijo...

He disfrutado de tu entrada de la A a la Z.
Bravo!!
Y bravo por la extranjera y sus medias de costura posterior!!
Sol, Cava baja, Madrid de los Austrias, cuanto poder evocador tienen esos sitios!!
Los huevos de la cava creo que están en franca decadencia...
Así que me quedo con puerta cerrada, donde campea el lema de Madrid: "Fui sobre agua edificada, mis muros de fuego son".

RIPP dijo...

Pero querida, cómo dices eso, ¡es más agotador ser hombre que mujer!

;)

Madame X dijo...

Te he leído con mucha nostalgia... Bien sabes la razón.

Un beso con morriña.

X

Madame X dijo...

Ripp... prueba a patearte la ciudad con tacones y ya nos contarás. :-)

Rafael Lucena dijo...

A veces echo de menos unos huevos fritos con patatas y chorizo bueno del pueblo. Y miro en la nevera y hay huevos; en el saco, papas nuevas; en la percha, un cantimpalo; en la alacena, aceite de oliva virgen; en el escurridor, una sartén antiadherente; en la cocina, un solo yo que echa de menos aún a "con quien tanto quería". Así que cierro mi deseo y mi realidad y abro una lata de sardinas con tomate.

Octavio dijo...

Mery, en la foto de la lámina falto yo. Y esas medias de las que hablas, con costura atrás. Qué maravilla. Bien te lo pasas, leche.

Mery dijo...

Vaya, veo que las medias de costura trasera causan furor. Estoy pensando en probarme unas, pero me dá que hay que tener unas piernas de vértigo.

Octavio, será posible que hasta te quieres infiltrar en láminas, fotos o lo que sea que lleve faldas (o no). Será ladino.

Rafa: es muy lindo lo que cuentas. Un beso extra para tí.

Deme: me voy a pasar a ver tus fotos. Te comentaré.

Madame: Madrid te espera con los brazos abiertos. Menuda excusa tendríamos para recorrerla también sin rumbo.

Ripp: conste que no llevábamos tacones, porque sabíamos a lo que íbamos, pero las damiselas somos mas delicadas que los fornidos muchachotes. Nos faltaban las sombrillas, por cierto.

Enrique, Pe-Jota, me alegra alegraros la mañana un poquito. Siempre bienvenidos por aquí.

Amanecer dijo...

He disfrutado tu entrada, muchìsimo, al igual que el recorrido por tu ciudad, asì como la mùsica de mi paìs,(Mèxico).

Es verdad a veces es agotador ser mujer, pero tambièn lo disfrutamos, verdad?

Besos y muchos màs.

Bolero dijo...

Me dan ganas de coger el puente aéreo y pasar unas horas en Madrid

Mery dijo...

Amanecer, Bolero, es que Madrid tiene de todo, como en botica (dice el refranero español). El centro tiene una animación y una variedad popular inigualable.
Gracias por vuestra visita.
Un abrazo a ambas.

RIPP dijo...

Con las rancheras me acordé de mi amigo Pedro. Oye, veo que te gusta cantar, ¿eh?

Justo dijo...

Me encanta la zona de Sol. Nunca me había gustado hasta que empecé a trabajar en esta zona -y llevo así ya nueve años, tengo la oficina a tres pasos de la misma Puerta, en Carretas-. Y lo describes bien, es zona bullanguera las veinticuatro horas, de tránsito y chalaneo permanente, imprevisible, divertido, vital.
Un saludo cordial

Max dijo...

Excelente relato, que me ha hecho evocar infinidad de recuerdos de mi querido Madrid de Los Austrias.

Gracias